Perdimos una batalla, pero ganaremos la guerra

Millizen Uribe

Silentes, a oscuras, como ladrones en la noche, actuaron los promotores y cómplices del régimen de impunidad en la República Dominicana.
Aprovecharon que era viernes. Que la población estaba concentrada, como era debido, en el paso del huracán Irma, para, nueva vez, maniobrar contra la justicia dominicana.
Justicia que cada vez está más lejos de los hijos de Machepa. Esa que, al reservarse sólo para los más burdos tutumpotes, no es justicia nada, porque donde no hay equidad lo justo brilla por su ausencia.
La culpa no es del magistrado Francisco Ortega. Él es apenas una pieza más. La responsabilidad directa recae en las cabezas de un Ministerio Público (hay contadas excepciones) servil, por demás, al poder político.
¿O cómo se explica que ante el caso más grande de soborno y corrupción de Latinoamérica, responda, “sospechosamente”, con un expediente mamotreto, plagado de errores, perfecto para servir como as a una “justicia” que, repito, se amilana cuando hay que actuar contra grandes fulanos?
Y no se trata de vulnerarles derechos, presunción de inocencia o debido proceso a los imputados por el caso Odebrecht. ¡Todo lo contrario! Se trata de que no nos den más pan y circo, que no nos entretengan con show mediático. Se trata de contar con autoridades serias, responsables, honorables, que de verdad castiguen lo mal hecho sin reparar en quién lo hizo.
Se trata de contar con un gobierno con voluntad real de castigar la corrupción, no porque sea el tema de moda, sino porque se trata de recursos, de dinero que este pueblo, que la ciudadanía aporta con sacrificio al fisco, por ejemplo con esos 12 pesos más que pagaremos por cada galón de gasolina, con el objetivo de que sean empleados para mejorar la vida de todos y que, por el contrario, terminan siendo capturados por corruptos.
En el caso Odebrecht se robaron, mínimo, 92 millones de dólares. ¿Cuántos hospitales, caminos vecinales, acueductos, escuelas, líneas de transporte público, temas de seguridad ciudadana y casas (para que ante fenómenos como Irma no haya que salir corriendo) se hubiesen podido construir o resolver con ese dinero?
Por eso los miles de dominicanos y dominicanas que aman este país, que han demostrado ese amor, por ejemplo, vistiéndose de verde y saliendo a marchar, no pueden cansarse ni rendirse. El giro que se le quiere dar al caso Odebrecht, lejos de desanimarnos, debe renovar nuestras fuerzas y esperanzas en que, más temprano que tarde, tendremos un mejor país.
Se ha perdido una batalla, pero la guerra contra la impunidad está decretada y ésta apenas empieza. Apuesto a la ciudadanía.


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