Perfeccionar el ejercicio del voto

No deja de causar preocupación la renuencia de un sector partidario que actúa suspicazmente ante el reclamo de dotar al país de leyes que fijen límites al quehacer político y pureza a los procesos electorales. La ausencia por más tiempo de instrumentos que garanticen igualdad en los torneos comiciales haría disminuir la confianza en el ejercicio democrático en el que debe predominar el debate de las ideas. La aptitud favorable al sufragio que caracteriza a los dominicanos no permanecería en el tiempo si en próximos torneos parece repetirse la historia de que el dinero y la superioridad en recursos de todo género que se logra desde el Estado jugaron un papel importante para alcanzar el triunfo ante competidores debilitados.

La plena imparcialidad que debe ser base de los escrutinios está en cuestionamiento a partir del hecho cierto de que la actitud del votante ante la urna es influida inevitablemente por poderosos y desarrollados recursos de publicidad que en República Dominicana suelen estar desigualmente disponibles. Inevitablemente, aquellos que estén permitidos por falta de reglas a excederse en el uso de los bienes del Estado para atraer electores quedan en ventaja para montarse a lomo de un segmento social amplio, de baja escolaridad, vulnerables a las técnicas del populismo y el clientelismo tan en boga. Con esos defectos, la democracia estimula el sufragio sin conciencia, defraudando a la sociedad.

Una alianza que ha funcionado

Es una fórmula que en los ámbitos de la Seguridad Social, el sistema de pensiones, el destronado IDSS y el Comité de Salarios no ha obtenido tan máximos resultados. En el Infotep sí. Patronos y trabajadores confluyen por ley con buen propósito en el marco de una simbiosis bajo control del Estado. Los aportes económicos del sector productivo hacen posible la preparación de mano de obra calificada en apoyo al capital y al trabajo. El Infotep es fragua de recursos humanos apropiados para las empresas. Sus adiestramientos abren puertas en el país y fuera a personas que aun procediendo de niveles educativos básicos carecen de habilidades para oficios, por lo menos hasta que se logre que los liceos secundarios cuenten con programas para enseñar a ganarse la vida. Asalariados y empleadores pueden sentirse satisfechos de esos frutos.