Persistencia de las dudas

El Ministerio Público Dominicano ha tomado el “camino más largo” para arribar a alguna conclusión sobre lo admitido ya de que hubo sobornos para asignar obras a la firma Odebrecht; a lo que se han adicionado los aspectos no público de las relaciones que un convicto mago de triunfos electorales tuvo con entes del país. Tras el estallido del escándalo con admisión a grosso modo de lo ocurrido y el logro de un compromiso de indemnizar al Estado Dominicano, ahora se insiste en remitir a eventuales revelaciones en el exterior el esclarecimiento definitivo de casos cuyos similares en otros países han sido manejados con presteza y tangibles resultados.
Lo lógico es que las relaciones de dominicanos con contrapartes brasileñas dejaran huellas de operaciones financieras que la ley obliga a registrar, incluyendo transferencias de las que ya se hablado. Si el notorio asesor político Joao Santana no vino aquí a trabajar de gratis, ni recibió honorarios de origen foráneo, lo que procede es certificar el origen de los pagos que se le hicieron con identificación de las fuentes de las que surgieron los valores que recibió. Las autoridades deben marchar con firmeza hacia el desvelamiento de interioridades de las operaciones de Odebrecht en el país y de lo que en dinero implicó el servicio prestado por Santana. Eliminarían dudas. Hágase la luz con documentación de hechos y elementos de juicio sobre posibles responsabilidades o no.

Dos ruedas y una calamidad

El emblema más representativo de la delincuencia callejera lo comprenderían dos hombres armados sobre una moto. Sigilosos, tenaces, elusivos. Aparecen por doquier como amenaza sin límites. Capaces de matar con pasmosa frialdad. Se escurren veloces a contra marcha del sentido del tránsito. Son los únicos que no caen en los registros aleatorios. ¿Su mejor aliada? La inoperancia de los patrullajes. Hay tantos motociclistas en faltas de tránsito como en falta de humanidad. Una buena parte de ellos (no la mayoría) violan a diario las normas de circulación y el porte de matrículas y seguro, y no hay patrullaje extraordinario que los saque de circulación. Nunca se había visto tal grado de poder para el accionar maligno sin consecuencias punitivas. La impresión es que mientras puedan seguirse saliendo con la suya, no habrá paz ni seguridad en las vías públicas.


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