Persistencia de lo impredecible

La forma, a veces oblicua, de demorar la toma de decisiones y la búsqueda de consensos para establecer reglas efectivas a los procesos electorales y al funcionamiento de los partidos políticos -de cuyo vacío se ha hecho provecho anteriormente- es causa de mucha preocupación y sombras para este país. De moldearse, finalmente, las leyes a propósitos particulares y en desmedro de la multiplicidad de opciones, se ataría a la sociedad a estructuras que debe superar. Auguraría una persistencia de la inequidad. Por igual, genera temor por el futuro esa brecha -que nadie cierra definitivamente- por la que viene colándose el fantasma de la reelección. Comienzan a generar tensiones la clásica ambivalencia de liderazgos y la posibilidad basada en experiencia de que pueda maniobrarse para emerger con una agenda de prolongación en el poder.

No debe seguir siendo una posibilidad el que de buenas a primera y con nocturnidad vaya a surgir una afinada componenda para desconocer postulados constitucionales o modificar al vapor la Constitución. Cabe la certeza de que cualquier paso como estos iría muy en contra de la institucionalidad democrática. Sería insistir en la destructiva práctica -de toda la historia dominicana- de adaptar la Carta Magna, siempre con la compra perversa de voluntades, a ambiciones coyunturales. Esta vez se llegaría a lo máximo en lo inadmisible para la salud de la República.

La falta de rigor en autoridades

En ocasiones los administradores del Estado “cuidan” su popularidad y aceptación pública plegándose a vicios y desafueros de algún sector numeroso de la sociedad. Las infracciones de tránsito nunca han hallado la mano enérgica de organismos que apliquen la tolerancia cero. En este país no se le cancela la licencia de conducir a nadie por la acumulación de agresiones graves a la ley de tránsito ni se persigue ejemplarmente la embriaguez al conducir.
El dejar pasar, dejar hacer, se expresa notablemente en Navidad suprimiendo la restricción de horario en el consumo público de alcohol. Una condescendencia que estimula excesos de graves consecuencias sociales a las que no debe llegarse. Las razones para acortar el tiempo de beber vale para todo el año a fin de reducir accidentes, riñas sangrientas , intoxicaciones y ausentismos.


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