Personas e instituciones

20_08_2018 HOY_LUNES_200818_ Opinión10 A

Quizás fue sorpresa para algunos, confirmación para otros. La época no anida ternezas y propicia un nihilismo romo, sedicioso. Época de rupturas y ausencia de paradigmas-dicen-. De pragmatismo hiriente, dicen también, como si Maquiavelo hubiera sido un carmelita descalzo y aquello de al César lo que es de César no hubiera existido. Sorpresa tal vez que un hombre de la prestancia de don Patricio Santamaría Mutis- presidente del Consejo Directivo del Servicio Electoral de Chile-SERVEL-hiciera tal confesión, proclamara con orgullo cuánto importa la persona, las personas, para enfrentar crisis, auspiciar transformaciones, generar confianza. Cuánto importan para hacer y ser. En una de sus intervenciones en la XXXII Conferencia de Organismos Electorales de Centroamérica y el Caribe-Protocolo de Tikal-, celebrada los días 1 y 2 de agosto en el país, recordó, emocionado, a Juan Ignacio García Rodríguez. Sin él, proclamó, el plebiscito de 1988 no hubiera sido posible. Ese proceso que devolvió a Chile la democracia, necesitó de una persona, de su coraje y determinación. El funcionario público que permaneció más tiempo sirviendo al Estado-35 años al frente de SERVEL y 48 años en el funcionariado- está ligado a la historia electoral de su país. Su trabajo persistente, su hombría de bien, lo convirtió en un referente, en oráculo electoral para el Caribe, Centro y Suramérica. Trabajador incansable atravesó el terrible periodo dictatorial sin manchas ni culpas y por tanto, no tuvo arrepentimientos.Cuando de reconocimientos individuales se trata adviene, por enésima vez, aquello de sistema, instituciones, ficciones de ocasión,para ratificar, en el siglo XXI, que sí son importantes las personas. Las instituciones se forjan con ellas. Todavía no hay consenso para saber cómo se logra una persona cabal para acreditar una institución, pero es la calidad de las personas que sirve para acreditarla.La valía del servidor público chileno, experto en materia electoral, fue plasmada en el Acta de la Conferencia pasada, celebrada en Honduras. Los representantes de los Organismos Electorales de la región reconocían reverentes “las acciones apegadas a la ley y la imparcialidad en su desempeño.” La declaración destaca su honestidad y compromiso con la democracia. Aquel encuentro fue en agosto -2017- y don Juan Ignacio había fallecido el 17 de julio. Miembro fundador de la Unión de Organismos Electorales-UNIORE- y de la Asociación de Organismos Electorales de América del Sur-Protocolo de Quito-,involucrado con el origen y crecimientodel Centro de Asesoría y Promoción Electoral-CAPEL-el respetado programa del Instituto Interamericano de Derechos Humanos (IIDH), nació en 1933. Comenzó su carrera en el año 1964 como abogado en la Dirección de Registro Electoral, hasta consagrarse como el histórico director de SERVEL que garantizó la idoneidad de los procesos electorales chilenos de los años 1988 hasta 2012 y fue el pilar institucional del plebiscito que ratificó el triunfo del NO en Chile. En este tiempo de creer en nadie, desconocer anales y dizque nada importa, para los que nada importa, destacar trayectorias como la mencionada, desmiente presunciones. En el momento de la gloria efímera, del tuiteo obsesivo que en un segundo convierte la insignificancia en notable, honrar es más necesario que nunca. Sin pasado, sin testigos, sin modelos ni genealogía, cualquier cosa ocurre y el grito queda en susurro sino consigue el eco mediático que la frivolidad del mundo virtual valida. Por eso lo sorprendente de la afirmación y la emoción de Santamaría Mutis.Y de nuevo el retintín que reclama, disfraza, encubre. La solicitud de instituciones como si fueran regalo divino o composiciones abstractas con extravagancia alienígena. En el funeral de Juan Ignacio, Santamaría Mutis leyó el panegírico, citó al jurista uruguayo Jiménez de Arechaga quien decía: es más fácil hacer instituciones que personas, pero lo que se necesita son personas. Y-continúa el actual director del SERVEL-es cierto: la preocupación por la consolidacióninstitucional seria intrascendente sino se cuenta con ciudadanos comprometidos con el bien común, responsables de la suerte de las personas y del destino del país.


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