Perspectivas del euro ante un entorno político incierto en Europa

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Dedicado a Mercedes Méndez de Maruschke, con el mayor afecto

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En la primera entrega de esta serie nos referimos a los principales componentes de la conformación del euro y sus implicaciones. Ahora nos concentraremos en la conformación de la estructura política–económica de Europa, para entender mejor las perspectivas del euro como moneda única en gran parte de la zona.
El euro como moneda común no posibilitó que algunos de los países que la utilizan crezcan tan rápido como deberían, ya que no permiten (salvo Alemania) que controlen parte de sus propios destinos económicos. Esta combinación ha provocado que la política pase de ser un debate entre otras cosas, sobre qué gravar o gastar, a uno sobre quién pertenece y quién no.
En adición, el aumento del populismo, en muchas regiones del mundo es una realidad innegable, incluyendo Europa. La combinación de sociedades diversas con debilidades económicas, incertidumbres políticas y desigualdad crearon el escenario perfecto para un incremento de esta conocida tendencia política. Ejemplo: el caso más reciente, Italia.
La zona euro ha pasado por fuertes recesiones en los últimos años. Sin embargo, se proyecta para ella un incremento de 2% en 2018.
No obstante, conforme al TheEconomist, Italia tuvo dos décadas perdidas con un crecimiento moderado prácticamente inexistente. Sus últimas elecciones son un reflejo del descontento acumulado por la población italiana ante las adversas condiciones económicas, políticas y sociales que gravitan sobre ella este tiempo.
La deuda pública de Italia se encuentra por encima del 130% del PIB, la tercera más grande de Europa, luego de Grecia y Portugal. Representa el peor comportamiento de todos los países que adoptaron el euro. Lo que más inquieta es la falta de cohesión política, económica y social y la amplificación de la brecha en la nación entre grupos totalmente opuestos.
La gestión de Ángela Merkel al frente de la cancillería alemana desde el año 2000 consolidó la posición de su país como la economía más fuerte de la Unión Europea y la cuarta del mundo, a pesar de la recesión sufrida a partir de 2009, que castigó duramente a toda la eurozona.
Un factor preponderante del futuro del euro son los grandes niveles de deuda de la mayoría de los países periféricos que pasan de más de un 125% de los niveles del PIB. A medida que la crisis se desarrolló, se volvió obvio que los bonos de Grecia, lo que en un futuro es posible que ocurra con los bonos de Portugal e Italia, podrían ofrecer más riesgos.
El 9 de mayo de 2010, los 27 Estados miembros de la UE acordaron crear el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera, un instrumento legal destinado a mantener la estabilidad financiera en Europa a través de la provisión de asistencia financiera para los estados europeos en dificultades. En marzo de 2011, se inició una nueva reforma del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, dirigida a reforzar sus reglas adoptando un procedimiento automático destinado a imponer sanciones en caso de incumplimiento tanto de los techos de déficit como de deuda. Hasta ahora ese plan no se ha cumplido.
Finalmente, las diferencias económicas (especialmente las fiscales y el monto de la deuda), políticas (el crecimiento del populismo) están aumentando en vez de disminuir entre los países periféricos (Italia, Grecia y Portugal) no así en el núcleo duro de la eurozona (Alemania, Francia y Holanda), amenazando con afectar la estabilidad del euro. Le va a tocar al núcleo duro de la zona euro encabezar, como ha ocurrido anteriormente, un movimiento para hacer los cambios estructurales fundamentales tanto fiscales como institucionales para fortalecer el euro.