Pesimismo nacional, descalificaciones internacionales y cambio de modelo

Salvo el parecer de agencias privadas de calificación relacionadas con el financiamiento, establecidos predominantemente en función de intereses foráneos y cumplimiento de pagos, nuestra nación está siendo objeto de descalificaciones internacionales que abonan el pesimismo nacional manifestado en la reciente encuesta Gallup: 80% percibe que vamos por mal camino, percibiéndose más estancamiento o retroceso (62%) frente al progreso (36%).
Una calificación internacional objetiva por estar desvinculada al financiamiento la constituye la del Foro Económico Mundial (FEM). En su reciente reporte sobre competitividad nos asigna prácticamente el mismo puntaje, sinónimo de estancamiento, que hace cinco años; periodo coincidente con el presente gobierno.
Agrava la calificación misma los componentes que lo determinan.
El peor de ellos es el institucional conformado por corrupción, ineficiencia gubernamental, sistema tributario asociado a fiscalidad deficitaria, mala educación de fuerza de trabajo e inseguridad ciudadana. De 137 economías estudiadas, ocupamos el lugar 129; es decir, solo ocho economías en el mundo están institucionalmente peor que la dominicana.
El segundo componente incidente en la descalificación lo constituye la innovación, lo cual tira por la borda la propaganda gubernamental peledeísta enarbolada desde 1996, al inscribirse en la apertura y modernización. De 137 economías estudiadas, ocupamos el lugar 120. Solo 17 están más atrasadas que nosotros.
Otros componentes son ineficiencia del mercado laboral (117/137) que junto a salud y la educación primaria (lugar 105 de 137) desenmascaran la propaganda sobre revolución social que pregona el gobierno. Y la ineficiencia del mercado (115/137) que implica el fracaso del aparataje de competitividad burocrático montado.
Ante estos dictámenes el gobierno no reacciona. Insiste, en discursos y declaraciones, descaradamente, en cuestionar corrupción que se le acusa, pregonar que nunca se había hecho lo que ahora se está haciendo, intentar aumentar tributación sin abordar gastos, propaga revolución educativa, hacer gala de modernidad y diserta sobre competitividad frente a un mercado que contribuye a ser imperfecto.
En lugar de parafernalia mediática que desarrolla el gobierno en torno a éstos puntos, las autoridades deberían abocarse a la admisión y rediseño de su modelo de gestión.
Y aprovechar que la economía se ha desacelerado a la mitad de como crecía antes, de más de 7% al 4%, como una advertencia conducente a replantear modelo de gestión seguido con miras a lograr mayor autosuficiencia productiva, generación de puestos de trabajo dignos y estables para superar el desempleo, mejorar la prestación de servicios sociales y mejorar gastos para detener endeudamientos.
Esa sería la tarea que debía acometer un gobierno responsable ante el pesimismo nacional que nos invade reforzado por desnudamiento proveniente de instancias internacionales; correspondiendo exigirlo a una oposición responsable.


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