Piedra solo pa’los más chiquitos

Millizen Uribe

Una de las amenazas latentes hoy día contra la nación son las injusticias y los privilegios porque ellos corroen con creces el espíritu democrático y de equidad que dan sustento a la vida republicana. Por eso, no me resigno a ver como algo normal el que en este país las leyes se apliquen solo en los casos de los más chiquitos.
Por ejemplo, no son ni una, ni dos, ni tres las veces que he visto a agentes de la Dirección General de Seguridad de Tránsito y Transporte Terrestre (DIGESETT), conocidos todavía como oficiales de la AMET, encabezar operativos contra motoristas.
Se “esconden” en cabeceras de puentes y elevados, y debajo de árboles, y detienen a motoconchos, “deliverys”, mensajeros, etc. cuyos motores van subiendo, de manera rauda y veloz, a camionetas porque un alto porcentaje de estos conductores o no tienen seguro, carecen de matrícula o circulan sin cascos protectores.
Eso está muy bien, primero porque quienes andan en este tipo de vehículo suelen ser muy imprudentes, y engrosan las cifras de accidentes de tránsito, y segundo porque si están violando la ley deben responder ante las autoridades. Ahora bien, ¿Por qué en este país prevalece un espíritu de selección hacia cuáles leyes se deben cumplir y cuáles no, a quiénes se les debe exigir que cumplan las leyes y a quiénes no y sobre los momentos en que una ley se debe cumplir?
Lo digo por varias cosas. Primero porque esos mismos agentes que paran a los motoristas, se hacen de la vista gorda contra los guagüeros que llevan 50 pasajeros, en un minibús equipado para 20, por lo que el resto va de pie y sin cinturón de seguridad.
También lo digo porque a veces esos operativos se hacen de manera megaladanaria, un día sí, dos días no, por lo que no se puede asegurar que haya una supervisión constante de la ley. Pero, lo más importante, porque se la da importancia a leyes como la de tránsito, en algunos aspectos, pero hay otras leyes que no se cumplen y no pasa nada.
Y, por último, por la incoherencia de autoridades que muchas veces carecen de autoridad moral porque es probable que usted, como yo, haya visto a agentes del tránsito circulando en motores por elevados y andando sin los cascos protectores que tanto exigen.
Y este pequeño hecho revela lo mal que andamos como nación. Pues en este país de las maravillas las leyes se aplican “a sigún”. Por eso tenía razón Aristóteles cuando señalaba que el único Estado estable es aquel en el que todos los cuidadanos son iguales ante la ley, algo que en RD dista mucho de la realidad.