PLD versus PLD

Millizen Uribe

Nueva vez, las pasiones por los intereses particulares lucen desbordadas en el Partido de la Liberación Dominicana (PLD). En esta ocasión, el motivo es muy similar al de episodios anteriores: Por un lado, un grupo que está en el poder y no quiere salir, y, por el otro, un grupo que tiene mucho tiempo fuera, al menos del poder directo, y quiere volver a entrar.
En modo poesía, los argumentos esgrimidos por uno de los bandos giran en torno a la necesidad de continuar una magnífica obra de gobierno y escuchar el clamor popular que, aseguran, pide a gritos: ¡Reelección, reelección!, sin importar que esté constitucionalmente prohibida y que ya en una ocasión se haya modificado la Constitución en pro de este apetito continuista. Por el otro lado, están quienes alegan defensa de la institucionalidad y de la constitucionalidad como pie de amigo para la fabricación de la ruta que les garantice el retorno al poder.
De todo esto, lo peor es ver cómo en un partido tan grande y tan poderoso, con tantos jóvenes inteligentes, hombres y mujeres capaces, no emerge una tercera línea y lucen dispuestos a autodestruirse antes de romper la fatídica dicotomía histórica que ha acompañado el quiebre institucional dominicano (bolos vs coludos, rojos vs azules, etc.).
Lo mejor es que en una confrontación abierta, del poder por el poder, donde al parecer en esta ocasión la ropa no se lavará en casa, el pueblo, la ciudadanía, podría comenzar a ver cómo ambos bandos se sacan los trapos sucios, por lo que tal vez ahora el presidente Danilo Medina podría dar más detalles de las cajas de facturas que denunció encontró a su llegada al Palacio Nacional y el presidente Leonel Fernández explicar quiénes son esos hombres que viven contentos, pero sin decoro, como citó en su discurso de mayo del 2015.
Ahora bien, el reto es que la oposición y las fuerzas alternativas, lejos de apostar a la capacidad de autodestrucción que, como toda maquinaria con tanto tiempo en el poder, tiene el PLD, evite que monopolice la opinión pública y la agenda política con su lucha interna. Este país no puede pararse a esperar que en el PLD haya un “acuerdo”. La ocasión debe ser aprovechada por la oposición para colocar sus propuestas y planteamientos sobre los temas que preocupan a la ciudadanía.
De no hacerlo así, y repetir la estrategia equivocada de dedicarse a inflar una de estas dos figuras para derrotar la otra, podría después terminar en una lucha con un “monstruo”, ya no de dos cabezas, sino tal vez de siete.


COMENTARIOS