Pobrecitos Daniel Ortega y Nicolás Maduro

Ubi Rivas.

El proceso sandinista que arrancó con la deposición de la dinastía Somoza en Nicaragua, ha contaminado su postulado original derivando en las mismas lacras que combatió y por la que mereció el respaldo unánime de la comunidad internacional.
Desde el mismo inicio de su gestión gubernamental, el sandinismo comenzó a desvirtuarse y calcar los métodos indignos del somocismo, cuando sus principales dirigente ocuparon las residencias fastuosas de los paniaguados y beneficiarios de la dictadura hereditaria, copia de la de Corea del Norte, y eso no fue lo que hizo ni toleró Fidel Castro ni los taumaturgos de Sierra Maestra.
El sandinismo ha perdido el respaldo de su pueblo que se vinculó a plenitud en la guerra final contra el somocismo, por la deriva al autoritarismo, el favoritismo y el nepotismo sandinista que lidera el presidente Daniel Orteta y su consorte, Rosario Murillo, a quien la sociedad nica identifica con la principal gestora de las inconductas que rechazan y condenan los nicas.
Al día 26 de este mes de julio, un total de 448 nicas han perecido por las balas represivas de la dictadura sandinista, en protestas iniciadas el l9 de abril último rechazando modificar el régimen de pensiones, que fue el pretetxto y la chispa que incendió la pradera.
Desde entonces, a las protestas se han incorporado la cúpula empresarial y la Iglesia católica, que en América Latina son dos de los tres catetos de la pirámide del control político y social, al que se añaden las Fuerzas Armadas.
Pobrecitos Daniel Ortega y su par venezolano Nicolás Maduro, que han saturado a sus pueblos de miserias y represiones, ignorando que son seguros candidatos de carnes de presidio del imperio, idéntico a Manuel Antonio Noriega.
Veremos.