Pocos frenos al uso de narcóticos

El narcotráfico internacional, que se renueva con inventos en la producción industrial de sustancias duras que actúan sobre las mentes, necesita de jóvenes vulnerables para convertirlos en clientes, llevándolos a la degradación física y mental y quizás a la muerte. República Dominicana produce muchos seres incapaces de lidiar con influencias por provenir a veces de familias disfuncionales o desintegradas, sumidos en desorientación, sin adaptación al medio y carentes de oportunidades para una vida digna. Un campo fértil para que las adicciones a estimulantes y depresores ilegales se multipliquen es lo que se percibe en el país con una secuela de daños a la sociedad, inutilizando a individuos o sometiéndoles a la presión de necesidades que pueden arrastrarlos a conflictos con la ley.
La lucha contra los estupefacientes, concentrada en represión al tráfico y tenencia, necesita de un enfoque ampliado que refuerce la prevención y tome en cuenta que se trata de un problema nacional de salud que amerita la atención de especialistas para las tareas de disuasión y rehabilitación de adictos. Esas funciones han estado de capa caída porque el Estado no se acoge suficientemente a la ley que le ordena asistir con recursos a las organizaciones no gubernamentales que se han destacado en ese meritorio servicio, mientras el propio sector público no ofrece suficiente respuesta al avance de la drogadicción.

¡Esas víctimas tan inocentes!

Es mucho lo que falta por hacer para la protección integral de los niños en el país, sobre los que desde el momento de nacer caen elevados índices de morbilidad y mortalidad. Incidencias vergonzosas porque se originan en mala prestación de servicios hospitalarios, vacíos de prevenciones e insuficiencias presupuestales, un mal que las magnificencias de varillas y cemento no logran ocultar.

En adición falla el ejercicio protector de padres o tutores sin educación en hogares marginados, lo que se traduce en incesantes noticias sobre niños y niñitos que mueren por ahogamiento y quemaduras, por caer desprevenidamente en cubetas llenas de agua o dejados a su suerte en ríos, playas y piscinas o como víctimas de la guerra de velas encendidas contra los apagones; tiernos seres dejados solos en casuchas.