Podrán cortar las flores, pero no detener la primavera

Millizen Uribe

A propósito de la denuncia que hacen los colegas Edith Febles, Altagracia Salazar y Ricardo Nieves, reedito este artículo titulado “menos bocinas, más periodistas”.
El Estado Social Democrático y de Derecho que proclama la Constitución dominicana es imposible sin un buen periodismo.
Y es que el periodismo se concibe como el perro guardián de la sociedad. Así lo consigna una de las teorías clásicas sobre los medios de comunicación, que establece que su rol en una sociedad democrática es fungir como protectores de la ciudadanía y velar por sus intereses. Para esto los periodistas, aunque a veces es una labor odiosa, deben supervisar la gestión pública de gobernantes, empresarios, ciudadanos comunes, y de todos aquellos que tengan en sus manos la toma de decisiones que afecten a su “amo”: la sociedad.
El rol de la prensa en aras de la democracia es fundamental. Trasciende la libertad de expresión e implica difundir las informaciones necesarias para que los ciudadanos tomen las mejores decisiones sobre quiénes manejan y manejarán la cosa pública.
En República Dominicana, sectores cuya voluntad no está encaminada al bienestar colectivo, sino que buscan defender sus intereses personales, apuestan a la degradación de la prensa.
Propiciaron y mantienen unos nuevos actores de la “comunicación”: las bocinas e interactivos. Se trata de personas que a cambio de dinero, posiblemente emanado de los mismos recursos del Estado, abandonan la función de análisis crítico y objetivo, que requiere el ejercicio periodístico, en pro de los intereses del país y del pueblo, para defender a sus clientes y no cuestionar sus actos, así sean lesivos para la sociedad.
Es así como hoy el ejercicio periodístico presenta una gran contradicción: gracias a la tecnología ha avanzado en su modo de producción y difusión, cuenta con herramientas modernas, pero en la parte ética estamos ante una seria involución. A esto se suma que las condiciones para ejercerlo no son las mejores. La gran mayoría de periodistas no tiene salarios dignos y adolece de la protección social necesaria.
No obstante, en un país donde a parte importante de la población no se le garantizan derechos fundamentales como alimentación, salud, educación, vivienda, ni servicios básicos como agua potable, energía eléctrica y transporte, y la inequidad también es observable en el tema de los ingresos y el salario, el periodismo está llamado a ser una herramienta para el cambio social, político y económico.
Para lograr esto, los periodistas deben asumir un rol crítico y no plegarse al poder, a quienes lo ejercen y a sus dádivas.
Para tener una mejor República Dominicana, hacen falta más periodistas y menos bocinas y quienes hoy tienen el poder y los recursos podrán, momentáneamente, cortar las flores, pero créannos, cuando decimos, que no podrán detener la primavera.


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