Policías en furgones

Eusebio Rivera Almodóvar

Como muchos ciudadanos del mundo, los dominicanos somos testigos de hechos asombrosos, de buen tono y de repugnante apariencia y, aunque con cada especial situación nos sentimos excepcionales, no es cierto que solamente nosotros exclamemos “Este es el país de las maravillas” porque eso mismo dicen de sus respectivas naciones muchos seres humanos con los cuales compartimos costumbres, cultura y procesos históricos.
No es la República Dominicana el único país del mundo donde los policías “macutean”; no somos los primeros en confirmar acciones delincuenciales de policías y su contubernio con mafias criminales; en fin, no solamente aquí hay frutas podridas en el canasto de la Ley y en el saco de los llamados “agentes del orden”, pero las generalizaciones no son saludables en este caso porque me niego a creer y/o proclamar que todos los policías son delincuentes o corruptos. Lo que sí es innegable es la degradación moral del cuerpo policial y el poderoso impulso que eso recibe de sus sueldos miserables, pobre entrenamiento, deprimentes modelos de jefes que no los representan y tampoco los respetan y la ridícula inversión del Estado para que la ciudadanía se sienta realmente protegida y no abandonada a su suerte con una institución donde sus miembros son tratados como cajas y basura, metidos en furgones como el de la Tunti Cáceres y cuchitriles improvisados hechos con madera vieja, lo que inspira lástima y poco respeto a los ciudadanos que los circundan.
Parecería que la compra de vehículos nuevos, motores, jeepetas y camionetas deja más beneficios (¿comisiones?) que adecentar los locales a los agentes que, según mi parecer, son más los honestos que los malvados.