Por ahí viene la bola de nieve

La infuncionalidad del salario promedio dominicano para cubrir necesidades básicas está más puesta en evidencias que nunca. Estadísticas confiables lo reafirman. En niveles medios también brota la insatisfacción. Los estallidos de demandas de poner fin a la pobreza del poder adquisitivo de la mayoría de empleados públicos y privados, están a la orden del día. Enfermeras, profesores universitarios, maestros del sistema nacional, médicos de ejercicio privado, policías, agrónomos y el sector laboral representado por las centrales sindicales (más algún otro segmento que escape a la memoria en este momento) exigen que sus ingresos sean elevados, en un país en el que empleadores diversos esgrimen argumentos de poco peso para negarse a hacerlo.
Algunos patronos reconocen con franqueza que otras alzas de costo de producción impiden pagarles más a los obreros. Es decir: el recurso humano es menospreciado, aprovechándose de su débil influencia, para preservar rentabilidades negándole lo que realmente merece. Tanto da el cántaro al agua, hasta que al fin se rompe. Las luchas por mejores salarios revelan una generalización de actitudes a ritmo exponencial; y puede temerse que la intensificación de clamores ponga en jaque liderazgos privados y hasta quede en juego el prestigio de las máximas autoridades por su rol decisivo de poder, como empleador y en su obligada función arbitral.

La sigla RIP para la sigla CEA

La más auténtica riqueza de los pueblos parece residir en la calidad ética de quienes los dirigen; de la competencia y responsablidad ante la historia de quienes pueden determinar su destino . El devenir de más de 50 años del Consejo Estatal del Azúcar ha sido la de un patrimonial público colosal con tierras por doquier, factorías, vehículos, ganados, líneas férreas. etc. de lo que hoy prácticamente solo queda el cascarón.
Un emporio que por decenios, y pasando de una gestión a otra, encontró pocos dolientes. Su progresiva disolución parece el resultado de un implacable saqueo. Cada quien que pudo se aprovechó de su extensas propiedades por el territorio nacional para dar cuenta de algún pedazo. Y no es el único bien estatal esfumado por la codicia dolosa. Su Requiescat in pace debería recaer sobre muchas conciencias.


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