Por el perdón y la justicia

Noche Buena, Año Nuevo y la fiesta de Reyes son motivos de alegría, acercamiento, compartir en familia, ayudar al prójimo y perdonar.
Creyentes o no, las festividades de la época influyenen el ánimo de los dominicanos haciéndolos más flexibles y alegres.
Algunos se pasan de contentos y cometen excesos consumiendo alcohol y alimentos a niveles perjudiciales para su salud física, mental y económica.
Otros, bajo los efectos de las bebidas se desinhiben, dan riendas sueltas a los celos, odios y rencores y acaban cometiendo barbaridades.
Independientemente de sus ideas sociales, políticas o religiosas, estamos en tiempo de paz y debemos dejar de lado las diferencias que nos separan.
Debemos, incluso, perdonar a quienes nos han fallado o perjudicado en determinadas circunstancias y olvidarlos agravios.
No hay que ser cristiano para ello, sino entender la naturaleza humana y extender la mano a quien te ha fallado.
Pero aún a los soberbios, a los equivocados y a quienes creen estar por encima de los demás, hay que verlos con ojos de compasión y perdonarlos.
Porque el perdón libera a quien lo practica y lo ubica en un plano moral superior al de sus detractores, enemigos gratuitos y seres negativos y dañinos.

Abogo, en este fin de año, por el perdón, aunque clame justicia contra los cobardes asesinos y ultrajadores de nuestras mujeres, niños y adolescentes.

Perdón en lo personal, pero exijo justicia para los políticos y empresarios que en su afán de enriquecimiento ilícito han corroído la sociedad.

A esos, creo que ni Dios los perdonará porque no se arrepienten del daño a un pueblo digno de mejor suerte.