Por los buenos y verdaderos dominicanos

Millizen Uribe

Casi siempre resisto la herencia moderna de la dicotomía. Ese afán de querer dividir todo en dos bandos, abogando por un absolutismo terrible y negándose a visualizar los intermedios, los tonos grises.
Sin embargo, quiero hacer una excepción para recurrir a una figura utilizada por Juan Pablo Duarte: la de buenos y verdaderos dominicanos.
Y ser un dominicano bueno y verdadero en estos tiempos, nada tiene que ver con odiar, discriminar o menospreciar en base a nacionalidades, ascendencias, clase social o color de piel. Significa, más bien, y en la misma tesitura que la planteada por nuestro Padre de la Patria, no menoscabar recursos y voluntades para el fortalecimiento de la nación dominicana.
Por supuesto, hay muchas formas de aportar a la causa dominicana. Una de ellas la conocí el miércoles en el Almuerzo Semanal del Grupo de Comunicaciones Corripio, en el que participaron representantes del Patronato Nacional de Ciegos.
De manera loable, estos buenos dominicanos hacen esfuerzos titánicos para que quienes carecen de un sentido tan vital como la vista (aproximadamente 8% de la población) lo recuperen, en los casos posibles, o se rehabiliten y aprendan a ser independientes pese a esta condición, si la ceguera es irreversible.
¿El problema? El presupuesto. Esta entidad cuenta con apenas RD$18 millones al año, lo que, obviamente, resulta insuficiente, debido a que, como explicaron, sus servicios incluyen consultas oftalmológicas, cirugías gratuitas, programas de prevención y rehabilitación, y su personal recorre el país para ofrecer asistencia a los no videntes más pobres.
De hecho, para cubrir todas sus áreas de acción, este patronato necesita RD$28.0 millones, aunque el monto ideal sería RD$40.0 millones
¡Oh ironía! Al mismo tiempo que en los medios se conocía esta realidad, circulaba la información que el pleno de la Cámara de Cuentas, además de aumentarse sus salarios, en RD$73 mil pesos, en el caso, por ejemplo, del presidente, (medida que dicen tomó la gestión anterior) también se habría autorrepartido RD$55 millones por concepto de “bonificación”, según denunció el periódico El Nuevo Diario. ¿Cuántos dominicanos y dominicanas hubiesen podido recuperar su vista con este dinero?
Definitivamente, ante casos como estos, uno no puede olvidar a Duarte y frases como: “Mientras no se escarmiente a los traidores como se debe, los buenos y verdaderos dominicanos serán víctimas de sus maquinaciones”. ¡Ojalá el Congreso haga justicia y este caso no se sume a la larga lista de impunidad, una amenaza verdadera contra la estabilidad de la República!


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