Por qué fracasan las personas

José Miguel Gómez
José Miguel Gómez

La disfuncionabilidad y la inadaptabilidad personal y social, son áreas de interés de la psiquiatría y la psicología. Antes, se pensaba que la psiquiatría se ocupaba de contextualizar la normalidad o la anormalidad; o sea, lo morboso, lo psicopatológico, y los procesos que anunciaban la ruptura del pensamiento, tanto de su contenido como de su curso. Ahora tenemos más personas desarmonizadas, infelices, angustiadas, en disonancia entre lo que piensan, lo que dicen y lo que practican. Los adultos del siglo XXI parece que se han dejado gobernar por lo tangible: vanidad, confort, placer, petulancia, dinero, poder, cultura de la prisa y hedonismo. Hoy sabemos que las personas que fracasan se van haciendo esclavos de sus hábitos, de su conducta y comportamiento que le conducen a la renuncia de lo intangible: valores, principios, transparencia, altruismo, compasión, solidaridad, compromiso y fidelidad. Las personas que fracasan van perdiendo la capacidad de asombro, de medir consecuencias, de valorar el riesgo, de poner límites y de no transgredir las normas sociales e humanas. Otros/as fracasan porque no planifican, no siguen objetivos ni metas, ni son creativos, no asumen presupuestos, no son prudentes ni usan el tacto para entender la vida: entre el “ser y el parecer”. Los que fracasan renuncian del ser y empiezan a vivir del parecer; del querer demostrar, de reconstruir y lavar la imagen a cualquier precio y a cualquier resultado. Vivimos en el relativismo ético, en la permisividad social, en la compra de la imagen y en la visibilidad del “éxito” como expresión de la conquista y del narcicismo social. Las personas fracasan cuando empiezan a perder credibilidad, a no ser dignos de imitar; pero también, cuando dejan de soportar auditoría; cuando rompe el equilibrio, la equidad, y deja de ser eficaz en su vida cotidiana. Literalmente se fracasa cuando se va perdiendo la relación consigo mismo, con los demás y con las cosas. Practicar o asumir conducta que predicen que va mal, que está asumiendo riesgos y que terminará víctima del riesgo, y no parar, indica que esa persona va rumbo al fracaso. ¿Se puede prevenir el fracaso? ¿Se pueden medir los riesgos? ¿Se puede prevenir o minimizar la vulnerabilidad? Claro que sí, de ahí que, las personas con inteligencia social, emocional y espiritual, o las personas que logran alcanzar madurez, asumen el timón de su vida, establecen límites, sienten resaca moral, no se despersonalizan, ni juegan ni apuestan al sacrificio de la obtención a cualquier precio. Las personas que fracasan son influenciables, altamente seducidles, de baja autoestima, con necesidad de reconocimiento, de validación social, de aceptación de grupos o de personas, con miedo a la soledad, a decir no, a poner distancia, a desintonizar o mantener un criterio o una conducta diferente por miedo al aislamiento. Son muchos los adolescentes y adultos que se exponen al riesgo por temor a perder un amigo, un grupo, un trabajo, una pareja tóxica, una actividad de alto riesgo. El fracaso puede llevar a un sentimiento de frustración, pero no toda frustración implica un fracaso en la vida. ¿Por qué fracasan las personas? Por miedo, por buscar el éxito, por la necesidad del ascenso social, por no aceptar sus límites, por temor al fracaso, por la indiferencia de grupos patológicos, por la gula y descontrol, por la pérdida de los valores, por la necesidad de validación grupal o porque tenía conflicto o ausencia del reconocimientos de la parte moral, ética en lo personal y social. Actualmente, cientos de personas van construyendo su fracaso y su derrota personal y social. Las consecuencias de las crisis globales y sociales les van haciendo vulnerables y riesgosos, débiles, frágiles, temerosas e inseguros. A otros, lo percibido y lo interiorizado es que se le excluyen, se marginan; se sienten inadaptados, en soledad, disfuncional, o poco entendido por el contexto psicosocial. Las personas que no fracasan, saben dónde están sus límites, a que no se arriesga, ni hacen las a cualquier precio; saben y descubren qué le conquista la vida, qué le armoniza, donde están sus debilidades y fortaleza; pero ante todo, cómo deseo terminar la vida, cómo quiero que me recuerden; para asumir el ser, la identidad construida, el compromiso social, el hacer lo correcto, y la felicidad para hacerla extensiva a los demás.