¿Por qué pierde la izquierda y gana la derecha?

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Hay que explicar que -desde los hippies- asistimos a una ‘nueva izquierda’, y a una ‘nueva derecha’.

Hoy la gran controversia no es la propiedad privada, ni el imperialismo. Usted no verá controversias por la nacionalización de empresas extranjeras, medicina socializada, ni por la representación congresual de los obreros, pues la nueva izquierda ha sacado esos temas de su agenda. Es más, la nueva izquierda ni siquiera sigue el materialismo dialéctico, y tiene en sus filas gente que practica el vudú, o que anda en busca de “nuevas formas de espiritualidad”.

La controversia política de hoy gira alrededor de tres temas: derecho a decidir, derecho al matrimonio homosexual, e ideología de género en las escuelas, y la nueva izquierda vota por el ‘si’, mientras la nueva derecha vota por el ‘no’. Lo curioso de esto es que si Marx, Engels, Lenin o Stalin, estuvieran vivos claramente se ubicarían en la posición conservadora, es decir, votarían por el ‘no’. Del otro lado, las agencias del departamento de Estado (EUA) resueltamente se definen a favor a favor de los supuestos ‘derechos de cuarta generación’.

De alguna manera nos han cambiado el discurso, y ya la izquierda no es izquierda, y la derecha no es derecha. La discusión real, filosóficamente hablando, es entre racionalismo de la modernidad, y relativismo de la postmodernidad. Todo comenzó con los reclamos hippies de ‘amor libre’, mariguana, rock, y esoterismo oriental. Luego vinieron Lyotard y compartes, y dieron el toque intelectual que hacía falta para construir la nueva cosmovisión de Occidente. De ahí es que viene la agenda política que prioriza derechos, y descuida deberes; promueve el hedonismo, y evade la disciplina revolucionaria, y, se derriban las reglas, sin tomar en cuenta si se trata de estructuras fundamentales para la sociedad, como es la familia nuclear.

Este salto ideológico no vino por mentes brillantes, como Marx, Maritain, o Adam Smith, sino por la contracultura hippie, en respuesta al legalismo fundamentalista de la sociedad americana a mediados del siglo pasado. De ahí es que vienen las consignas y predicamentos de la postmodernidad, con la agravante de que se nos vende como progreso lo que es un retroceso de la civilización occidental, en ese extraño juego de la historia, de caminar en círculos, de volver atrás, y de repetirse, sea como tragedia, o sea como farsa.

Lo que nos divide hoy es la plataforma política del postmodernismo, y explica la suerte de la izquierda en los últimos procesos electorales. Explica, por ejemplo, el triunfo del ‘no’ en el acuerdo de paz en Colombia, debido a que se habían metido cuestiones de ideología de género, derecho a decidir, y respeto a las minorías sexuales. Explica el triunfo de Trump, desde que Hilary se comprometió con el derecho a decidir de las mujeres, hasta incluso el último dia antes del parto. Explica muchísimos reveses de la izquierda en América Latina, y explica el reciente revés deGustavo Petro en Colombia.

La razón es que Gustavo Petro, el candidato progresista, fue el único que abiertamente apoyó el derecho a decidir, mientras que Iván Duque, quien antes había apoyado esos temas, desde que fue candidato borró todos los Twitter, no asistió a la convocatoria de las feministas, y sacó el tema de su agenda, con el resultado de que católicos y evangélicos se inclinaron por el candidato conservador.

La alianza opositora que debemos formar en contra de la corrupcion debe tomar en cuenta estos temas secundarios, pero que, de repente se tornan fundamentales.


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