Por un Estado social y solidario

EDUARDO JORGE PRATS
Ningún político tradicional quiere hablar hoy de la necesidad de reinventar el Estado social. Tanto la derecha como la izquierda están convencidas de que la globalización implica desmontar el Estado y desatar las manos invisibles del mercado: la primera lo celebra, la segunda lo lamenta. Pero ambas comparten un pensamiento único y están convencidas de que la globalización es un fenómeno natural que no puede ser moldeado por las acciones humanas.

Para la derecha, se trata del fin de la historia y el inicio del reino eterno liberal y, para la izquierda, estamos en presencia de las contradicciones definitivas del capitalismo que terminarán haciéndolo sucumbir.

Pero quienes ven a más largo plazo saben que la globalización, como el capitalismo, no es una fuerza telúrica indomable. Si éste fuera el caso, hoy no existieran las conquistas del Estado social arrancadas al capitalismo por los sindicatos, la doctrina social de la Iglesia Católica y los partidos socialdemócratas. El Estado social es una palmaria evidencia de que el capitalismo pudo ser moldeado para hacerlo compatible con niveles más adecuados de distribución de la riqueza y justicia social.

Hoy la gran tarea de la humanidad consiste en reinventar el Estado social. Se trata de una asignatura pendiente tanto en las naciones hiperdesarrolladas como en las que están en vías de desarrollo. Hoy el Tercer Mundo se ha globalizado y trasladado a las urbes y los suburbios del Primer Mundo, donde también reina la pobreza y la exclusión social. La modernidad distribuye sus parias en todo el globo, como bien nos advierte Zygmunt Barman en su libro “Vidas desperdiciadas”.

Una respuesta integral a la pobreza tiene que ser por tanto social.hay que diseñar e implementar un programa social de emancipación social, que ya asoma en el convencimiento de las organizaciones internacionales acerca de la necesidad de incrementar la inversión social. Pero los pobres no pueden esperar: la reinversión del Estado social es sobre todo una tarea local de las naciones.

La República Dominicana cuenta con diagnósticos ejemplares de su situación socioeconómica. El Informe Nacional del PNUD es uno de ellos. Este puede y debe ser la guía de la acción estatal para los próximos 10 años. Se trata de incrementar el ritmo de crecimiento económico incentivando la producción, las exportaciones, el ahorro, el empleo y la generación de divisas. Y lo que no es menos importante: reorientar el gasto público hacia el área social, aún se mantenga la actual tasa de crecimiento. En otras palabras, podemos trabajar para hacer crecer más el pastel pero el mismo es lo suficientemente grande para que podamos comenzar ya a repartirlo.

Para hacer realidad este proyecto -de cuyo éxito depende nuestra subsistencia como nación independiente si no queremos ser una “población superflua”, es Puerto Rico pobre de que nos habla Bernardo Vega- se requiere construir mayorías plurales que fomenten la gobernabilidad. Ello implica no sólo incidir en la forma de decisiones para la reinversión del Estado sino también hacer de la sociedad civil un locus de las políticas emancipatorias. La fortaleza y la independencia de la sociedad civil es clave para el éxito de estas políticas.

Hay que, por tanto, crear bases legales e institucionales para incrementar la participación ciudadana en los asuntos públicos, incluyendo el diseño, ejecución y control de los presupuestos municipales y centrales. Hay que formalizar la acción social del Estado para enterrar por siempre el clientelismo que amenaza y socava la democracia. hay que adoptar medidas legales anti-discriminatorias que sanciones la discriminación y la exclusión social y que fomenten las acciones afirmativas obligatorias y voluntarias a favor de los grupos discriminados y excluidos. En fin, hay que consolidar un sistema integral de seguridad ciudadana que nos aleje de la cultura del pánico colectivo y del Derecho penal simbólico y que integre a la ciudadanía en la labor de prevención del delito.

Este programa de acción es ambicioso pero posible. Se trata de dar sustento social a la democracia y hacer realidad la igualdad constitucional. Si somos nacionalistas, como lo son la gran mayoría de dominicanos,debemos asumirlo en el marco de un verdadero patriotismo, un patriotismo constitucional no sólo de deberes sino también de derechos.


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