Por un remedio eficaz a la basura

Por fin se ha procedido, aunque con tardanza injustificable, a destrabar el acceso de los camiones de basura al vertedero de Duquesa. Los habitantes del Gran Santo Domingo han estado bajo la amenaza de brotes de enfermedades derivadas de la imposibilidad de darle destino final a la basura, y todo por un litigio del que ya ha debido ser puesto en manos de la Justicia, primero sobre la base del peligro sanitario a que se expone a unos tres millones de personas, y luego para determinar a quién pertenecen en realidad los terrenos del basurero.
Ha sido un acierto del Ministerio de Medio Ambiente haber intervenido el vertedero para que puedan ingresar los camiones cargados de basura. Pero al margen de esa acción, es necesario que el Ministerio Público rompa su inercia a partir de que, primero, quienes administran el vertedero no han demostrado que son legítimos dueños; segundo, la dirección del CEA dice no haber encontrado contrato alguno que adjudique la propiedad a quienes la reclaman, y tercero, el Congreso afirma no haber conocido ningún procedimiento de venta sobre esa propiedad.
Mientras se averigua el caso, hay que garantizar que la basura del Gran Santo Domingo llegue al vertedero y que esa fluidez permita despejar la amenaza sanitaria que ha estado pendiendo sobre por lo menos tres millones de habitantes.

Cordura en todos nuestros actos

Quienes para esta época se aventuran a tomar carretera para acudir a playas, balnearios y campos deben tener presente, en todo momento, que la seguridad propia y de quienes les acompañan es responsabilidad de cada uno. Por denso que sea el operativo de prevención y socorro montado por las autoridades, siempre habrá momentos en que no se contará con la presencia oportuna de un socorrista. Lo que sí debe acompañar a todo conductor en cada tramo de vía es la prudencia.
La libertad de hacer lo que nos plazca en épocas de asueto, como esta, pone a mucha gente en la vía, y son las actitudes individuales y colectivas las que determinan un final feliz o una interrupción abrupta y dolorosa de lo que debe ser diversión o simple descanso. Recordemos que la resurrección no es uno de nuestros dones. Seamos cautos.


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