Porfirio en nuestro recuerdo

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La memoria afectiva no puede olvidar a una hermosa familia de tres hermanas, Rutty, Sigrid y Pumpy, con una encantadora madre, doña Alma, que hablaba ruso. Porfirio era hijo travieso de Sigrid. Lo recordamos corriendo con sus primos, a la hora feliz de un cumpleaños.

Transcurrieron varios años antes de que volviésemos a ver a Porfirio. Se había convertido en un joven empresario enamorado del arte. Seguía muy travieso. Pero su travesura ahora fue la creación de un lugar único, el Centro de Arte Nouveau. Se erguía en la avenida Independencia esquina Pasteur, hospedado a la orilla de la estancia del abuelo, Don Porfirio Herrera como el nieto.

Una fachada oscura y colores psicodélicos, algo jamás visto para un espacio de arte, perturbó a la comunidad artística y estremeció los nervios ópticos del transeúnte. Porfirio era su dueño y señor. El se atrevió a lanzar el arte contemporáneo, el arte y los artistas rebeldes, los que no cabían en las galerías tradicionales, incluyendo la oficial de la Plaza de la Cultura hasta que Porfirio Herrera fue su director.

El amo de Nouveau combinaba la bohemia y una perfecta educación. Abrió de par en par las puertas a la creación visual de avanzada. Para él, el diploma de la Escuela de Bellas Artes significaba mucho menos que la originalidad, la audacia, la experimentación. Tampoco atribuía importancia al acabado y la excelencia técnica, sino a la fantasía, la innovación y el concepto. Gozaba sus exposiciones, colectivas o individuales, consciente de que muy pocas veces culminaban en un beneficio comercial, ansioso de que el visitante le diera su opinión, tratando de que la vanguardia ingresara a las colecciones dominicanas.

Ahora bien, Porfirio Herrera no se limitaba a descubrir y lanzar artistas –en este sentido, se destacó como un verdadero galerista–, sino que se preocupaba por la educación artística. Organizaba cursos, talleres, seminarios, persuadido desde la niñez cuando el gusto y la vocación por el arte habían de estimularse. Así lo hacía, organizando clases para niños. Recordamos como se transformaban las salas de Nouveau para acoger a los chiquillos. Por cierto Porfirio hizo un auténtico centro polivalente, con talleres de enmarcado –que le permitían compensar mínimamente las penurias de su amor por el arte contemporáneo–.

Cuando, en 1988, Porfirio Herrera accedió a la Dirección de la Galería de Arte Moderno, Nouveau siguió funcionando, siendo confiada su administración al artista y museógrafo Nelson Ceballos. La Dirección de Porfirio Herrera al frente de la primera institución del país para las artes visuales marcó una nueva era en su orientación.

Porfirio Herrera regularizó la celebración de las Bienales Nacionales, que, durante los casi diez años de su mandato, fueron el acontecimiento, anunciado, preparado y realizado. Pero, la Bienal del Caribe consistió en su mayor logro. Recordamos aun que, cuando le entregamos el expediente propuesta –en suspenso desesperante desde 1980– él lo acogió inmediatamente con entusiasmo, se lo llevó, lo amplió, lo volvió un hecho. Él tenía el don de persuadir a la Presidencia y conseguía lo que quería, pese a las restricciones ineludibles.

Porfirio Herrera puso a República Dominicana en el mapa internacional del arte, y a raíz de la Primera Bienal de Pintura del Caribe y Centroamérica, el Poder Ejecutivo ascendió la Galería a Museo de Arte Moderno. Gran emotivo, esa decisión le hizo llorar. Sin embargo, cuando no podía calmar los sollozos, era cuando centenares de escolares se sucedían, visitando el Museo y sobre todo las Bienales. Él, que siempre se dedicó a organizar actividades para fomentar en los niños el interés hacia el arte, manejaba la institución ideal para esos fines. Recordamos su expresión de orgullo al hablar de los campamentos de verano.

La II Bienal del Caribe –según su título abreviado por el uso– alcanzó un clímax cualitativo y una cantidad máxima de países en concurso. La tercera tuvo lugar exactamente dos años después pese a los obstáculos económicos. Una ayuda de la UNESCO, reconociendo la hazaña dominicana, permitió la producción del catálogo. Cada incertidumbre provocaba el estrés de Porfirio Herrera y su resolución, nunca cumplida, de dejarlo todo. No toleraba el fracaso.

Recordamos a Porfirio, empeñado en la invitación y respuesta de todas las islas, hasta los “peñascos”, y su explosión de alegría cuando Antigua & Barbuda confirmó su participación. De repente la islita se tornó muy grande, objeto de todas las atenciones. Repetía el nombre de la isla, riéndose, casi incrédulo: era símbolo del poder de convocatoria de Santo Domingo en el Caribe.

Identificar con las Bienales la gestión de Porfirio en el Museo de Arte Moderno, reduce su labor. Hubo mucho más… Él instituyó los Premios Nacionales de Arte para los máximos maestros de la plástica nacional, y, después de él, no se volvió a conferir ese reconocimiento Cuánto disfrutó el primer galardón, otorgado a “don” Darío Suro, en el Palacio Nacional. Para esas magnas ocasiones, Porfirio, el director emblemático de los t shirts informales, enarbolaba un impecable traje blanco. El taller gigante de Carlos Cruz Diez, la exposición de la “Suite Vollard” de Picasso, el acontecimiento chileno de “Cuerpos pintados”, entre muchos eventos, marcaron igualmente su acción internacional.

Porfirio Herrera, misionero del arte dominicano joven y de ruptura, fue un internacionalista, que, en el Museo como en Nouveau, recibía a los talentos del exterior, a los latinoamericanos particularmente. Ganar la Dirección del Museo de la OEA en Washington lógicamente representó una ilusión perdida. A pesar de una campaña intensa, respaldada por una infinidad de personalidades del arte, no lo consiguió: la estrategía política atribuyó el puesto a otro con escasos resultados. Recordamos la enorme decepción de Porfirio, que palpó la fuerza de los intereses externos..

Evocar ese episodio nos recuerda que no todo fue color de rosa en la gestión de Porfirio Herrera. Él confrontó las envidias, las rivalidades, las enemistades, hasta las coaliciones más insólitas –en sectores artísticos . A veces los golpes bajos propinados lo estimulaban, otras veces le deprimían terriblemente y se prometía no volver a la oficina. Pero la pasión por el museo era irresistible.

Cuando sustituyeron a Porfirio en la dirección del Museo de Arte Moderno, él se reintegró a su centro privado, de ahora en adelante Nouveau Fundación de Arte. Extendió las áreas de exposiciones, celebrando varias al mismo tiempo. Continuó su política de apertura y empuje a los contemporáneos, y los 20 años de la institución fueron una fecha inolvidable. También se puso a escribir artículos que no dejaban de causar conmociones ¡Si la fiebre de polemista no duró mucho, significó otra pasión y reto! Recordamos con qué orgullo distribuía los suplementos de “La Nación” a sus amigos y visitantes en Nouveau.

Las circunstancias obligaron al traslado de Nouveau a un local cercano y la segunda planta de un centro comercial. A pesar de la continuación de actividades y del optimismo aparentemente manifestado por Porfirio, que todo lo atendía detrás de su nuevo mostrador, la situación había cambiado. El alma del Centro de Arte Nouveau se iba escapando, en una coyuntura muy difícil, y no dudamos de que esa mudanza negativa, arrancándole de sus raíces, haya contribuido a la enfermedad de este incomparable promotor del arte

Recordaremos siempre a Porfirio Herrera, a su lucha quijotesca por un arte renovado, a su respeto por las generaciones anteriores, a su temperamento de excepción, a sus sueños, a su entrega Quienes trabajan en y por las artes visuales, le agradecerán siempre. Ningún homenaje bastará para rendir justicia a su contribución y a sus desvelos. Los recuerdos y la pena quedan.