Precisión que no mueve montañas

La apreciación de que la economía crece con escaso efecto sobre la franja de pobreza es una gota al cántaro que no logra convencer al Gobierno de que debe modificar la rigidez estructural que acapara frutos de la producción en perjuicio de una mayoría. La última reafirmación (a pesar de cifras oficiales que no reflejan realidad sino fallas de medición) acaba de emitirla en cantinela el Banco Interamericano de Desarrollo. ¿Cómo puede haberse reducido en proporción importante la precariedad de vida de amplios segmentos si el ingreso promedio de la población sigue siendo inferior al costo de la vida? En un país de aguda ineficiencia hospitalaria y de los índices de mortalidad materna e infantil más altos de la región, la existencia ha tenido que seguir siendo dramática para un sector amplio que tiene que invertir más en salud sin estar mejor pagado.

La todavía baja calidad de la educación con deserción escolar elevada y un aprovechamiento de horas-clase inferior a lo que demanda el desarrollo humano, retrasan la ruptura del círculo vicioso de la pobreza que va de generación en generación. El poco acceso al agua potable y la desocupación masiva de jóvenes que ni estudian ni trabajan, prueban aquí la inmovilidad social. El amplio sector poblacional inmerso en la economía informal, de limitada remuneración y productividad, indica lo mucho que falta por hacer para llevar más habitantes al ferrocarril del crecimiento.

Un buen paso y otro pendiente

El turismo dominicano es potro de buen galope; ámbito de la economía de primer orden en la generación de divisas y empleos. Crear una escuela para formar recursos humanos en el sector servicio en el corazón del Este, como acaba de hacer el Infotep, es una inversión que da en el clavo para multiplicar la disponibilidad laboral calificada, en especial de jóvenes.

La expansión de infraestructuras turísticas, con creciente llegada de visitantes a franjas playeras, desafía a las autoridades a emprender otro efectivo respaldo a esa dinámica de la inversión. Los arrabales y desórdenes urbanos en periferias de enclaves preocupan mucho. El Estado debe adecentar esos alrededores en nombre de la hospitalidad y buena imagen del país. Los negocios y asentamientos que surgen en zonas de influencia deben someterse a un orden.