Preocupación que crece

La sociedad dominicana manifiesta por muchas vías intensa alarma por la presencia en todo sitio de inmigrantes haitianos aglomerados en actividades laborales o haciendo crecer la legión de desempleados. Se habla de oleadas de ellos que llegan por la frontera y de oleadas devueltas a su país. A veces parece que los que arriban superan en número a los repatriados. Ahí está una reiteración del padre Regino Martínez (en la práctica un consumado observador por años y años, de los tránsitos irregulares a través de esa ficción limítrofe) de que en la zona se sigue imponiendo el soborno para permitir ingresos al territorio nacional en burla de la ley. Haití fracasa en dar a sus hijos oportunidades de trabajo, servicios de salud y educación. Escasean el agua potable y la electricidad. Cunde el hambre y el efecto de sus males traspasa distancias en perjuicio de los dominicanos.

Si lo que se está haciendo no basta, debe aplicarse más rigor contra las contrataciones de mano de obra externa que violan la ley y hacer cumplir las cuotas de empleos, impidiendo que foráneos ocupen plazas sin permiso migratorio. Los traficantes de viajeros escapan continuamente al brazo de la ley. Acabar con penas máximas tal impunidad. Otros países castigan la reincidencia de viajeros con encarcelamientos y aunque la medida generaría gastos extras al Estado dominicano, podría ensayarse para lograr un efecto disuasivo inmediato.

Ingentes servicios al país

Por largos años, el Instituto Politécnico Loyola, de San Cristóbal, ha brindado a la sociedad dominicana un invaluable servicio de preparación de jóvenes para la vida productiva. De sus enseñanzas han egresado técnicos y profesionales de alta calificación, confirmándose en el tiempo que la conjución del Estado y la orden religiosa Sociedad de Jesús que hizo posible al Loyola, es de amplio beneficio para el país.
Añadiéndose méritos, el Loyola está inmerso en estos momentos en la instalación de un centro de investigación, innovación y emprendimiento con 19 laboratorios para acoger en docencia y enriquecer en conocimiento a productores agropecuarios y a otros dominicanos. El Loyola hace patria sin esperar aplausos, transmitiendo tecnologías de punta que aseguran el futuro laboral de jóvenes.


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