Preocupaciones cívicas en el mes de la patria

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No hay dudas, los dominicanos estamos inmersos en un proceso social que se inició con la quiebra de la unidad familiar. Y también con el aumento de las actividades ilícitas que han transformado por completo lo que era una sociedad conservadora y apegada a cánones moralistas muy fuera de época. También la masiva invasión de haitianos amenaza en pocos años dislocar la comunidad dominicana.
El sumergirnos en la nueva sociedad, nos ha atrapado sin los refuerzos y reservas sociales y morales que hubiesen permitido cedacear esos nuevos modelos de comportamiento y de vida comunitaria. Ahora, el objetivo muy marcado, es arrollar al semejante. En todo se busca el máximo provecho y mientras más rápido es mejor.
La campana de cristal que protegía a los dominicanos de las influencias de otros continentes se rompió con el final de la guerra patria de 1965. Desde esa vez nos quedamos expuestos a todas las corrientes sociales que nos llegaban a raudales de Estados Unidos y de otros países desarrollados, junto con las del más pobre de los vecinos haitianos. Y con el inicio del éxodo criollo hacia Estados Unidos, se inició la mezcla de nuevas costumbres y estilos de vida que eran normales en una sociedad muy desarrollada y con mejor educación y sistemas de trabajo. Además en la sociedad norteamericana había poderosos núcleos que forjaban y le daban sentido de poder a un país que está por encima de los demás países de la Tierra. Fue desde 1989 con el inicio del derrumbe del comunismo que el modelo capitalista atrajo a millones de seres para asimilarlos y dividirlos con sus grandezas y debilidades sociales. Los norteamericanos, pese a sus debilidades sociales y la crápula que vive parasitando en ese gran país de mejor educación, cuenta con millones de mentes preparadas para discernir y señalar lo más adecuado para su desarrollo que les permite mantener su hegemonía sobre los demás países de la Tierra.
Las corrientes sociales y culturales, que predominaban en el mundo, encontró en Dominicana un campo propicio de expansión. Se produjo un impacto de desarrollo increíble que convirtió al país en un foco de atención mundial por ese dinamismo. Pero las diferencias sociales, con los sectores sumergidos en la pobreza, se iban ensanchando con el aumento de la riqueza de grupos sociales inmersos en actividades de producción de dinero desde las lícitas hasta las marcadas por la ilegalidad. Ahí se formó un panorama que ocultaba el lado oscuro de las deficiencias de rápidos enriquecimientos con los sectores deprimidos arrimados a las orillas de los ríos o adosados al pie de los acantilados inestables sujetos a derrumbes mortales, como ocurre con tanta frecuencia con esos, y las inundaciones de ríos y cañadas que no tienen compasión con los seres humanos asentados en terrenos prohibidos.
Desafortunadamente el país no estuvo preparado por su baja tasa educativa y alta tasa de analfabetismo con un pobre sistema escolar, que ahora es que se está corrigiendo, de recibir tantas oportunidades que se nos ofrecían por los recursos inexplotados que poseíamos. Mientras países que 1960 eran más pobres y subdesarrollados que Dominicana, hoy son más prósperos y dueños de una riqueza y cultura sin par. Ahora son exportadores de asistencia y ayuda a los dominicanos sumidos en la pobreza fruto del encadenamiento por una clase política corrupta y devoradora de recursos.
Es una vergüenza que países asiáticos más subdesarrollados que los dominicanos en 1960 hoy en día nos asisten con donaciones, comercio e inversiones, ya que su prosperidad se le debe a la educación y a la disciplina. Allí los corruptos, si los hubiese, son rápidamente condenados y hasta fusilados. Taiwán, Corea del Sur, Vietnam, Singapur, Malasia y otros, se destacan por su alto crecimiento desde los años finales del siglo pasado después de haber sido afectados por guerras y hambre, pero con sistemas educativos ejemplares.
Los dominicanos estamos sujetos a un lastre casi inamovible de una clase política corrupta hasta los tuétanos donde solo buscan sus beneficios e ir a los gobiernos para enriquecerse. Ahora hay señales de que se quiere cambiar de sendero pero los escándalos son cada vez de mayor envergadura y explotan en la cara de mala manera e impiden una rectificación. Afortunadamente la población se ha ido empoderando de la realidad corrupta del país y conscientes de sus obligaciones cívicas se han identificado con el clamor de acabar con la corrupción y la impunidad que identifican a los políticos. Y en las calles y plazas reclaman un cambio y justicia para reemplazar a la clase política. Si tal sueño llegara a ocurrir ojalá que el remedio no sea peor que la enfermedad.