Preservación de lo nuevo

A la perjudicial disminución de servicios hospitalarios por el desacierto de acometer simultáneamente la reconstrucción de numerosos centros se suma con frecuencia, para empeorar las cosas, la tardanza en reparar y dar mantenimiento a valiosos equipos médicos en otros establecimientos de la red. Esos que a causa de la paralización parcial del sistema reciben ahora un mayor número de pacientes. Además, la logística de reposición de materiales imprescindibles para tratar enfermedades y practicar cirugías es denunciada una y otra vez por personal médico como insuficiente, y de funcionar a espaldas de su realidad. Son dramáticos los casos de hospitales como el infantil Arturo Grullón, de Santiago, que prescinden de la mayoría de sus quirófanos por hallarse en estado de abandono.

El interés de contar con nuevos complejos hospitalarios bien equipados mueve a satisfacciones no exentas de preocupación por lo que ocurriría con ellos. No deben quedar expuestos a menoscabos por falta de presteza en la conservación de sus instalaciones al no disponerse de recursos para su buena marcha después de haber costado tanto. Este reclamo vale para otras infraestructuras públicas que se deterioran por no preservar su funcionalidad. Se trata de omisiones absurdas en un país que depende mucho del endeudamiento para hacer obras y que debe poner interés en extremo en proteger lo que tiene.

Acomodarse al nuevo orden

Nuevas leyes y políticas con el sello de Donald Trump tienen como objetivo cambiar la tendencia de los estadounidenses a invertir fuera de Estados Unidos. Incluso se les incentiva para que repatrien capitales. Para los países vecinos del coloso del Norte como República Dominicana, las perspectivas son de reducción de las inversiones de ese origen. Contingencia que obliga a prevenir los efectos del nuevo curso.
Crear condiciones favorables adicionales que no incluyan ceder demasiado al inversionista como para explotar negocios con exageradas exenciones. Es preferible reformular requisitos para propiciar la instalación y permanencia de actividades productivas, tanto de empresarios extranjeros como nativos, librándolos de trámites gravosos y llevando al país a menos costos operacionales como los asociados a la energía.