Primarias: ¿escaramuza o recurso negociador?

Observando el escenario económico, social y político, la discusión sobre primarias parece constituir una escaramuza para distraer la atencióny/o encubrir deficiencias gubernamentales. O un recurso para argumentar riesgosas travesuras político-partidistas.
Mientras la atención nacional se centra en el debate sobre si abiertas o cerradas pasamos por alto acontecimientos e informaciones que afectan nuestro presente y futuro.
El reciente informe de la CEPAL, p. e., sobre progreso de la agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible trazados por las NNUU, advierte que el 70% del territorio nacional está afectado por desertificación y que una de cada diez personas residentes en zonas urbanas carece de servicio de agua potable.
Evidencia además que nuestras desigualdades no solo se observa en el ingreso–quintil rico disfruta 50% de riquezas y el pobre solo 5%- sino también en aprovechamiento de la naturaleza: al 2015 constituimos el peor país, con la mayor diferencia (22%), entre ricos y pobres, en disponibilidades de agua y saneamiento.
Esto en adición a otros temas considerables manidos que recobran actualidad ante informaciones y/o acontecimientos.
Por ejemplo, el reciente informe “Observatorio Presupuestario del FMI” llama la atención sobre el excesivo endeudamiento para cubrir déficits que pudieran derivar en explosivas burbujas económicas. El Informe a la Asamblea de primavera de éste organismo advierte sobre el “giro hacia el proteccionismo y el creciente riesgo de guerra comercial” por no mencionar clima más amplio de guerra y presiones migratorias y ambientales.
Temas propios de nuestra autoctonía no pueden subsanarse: desempleo a pesar del crecimiento económico, precariedades de servicios públicos, delincuencia y desconfianza de autoridades, surgimiento periódico de casos de corrupción (OMSA) sin respuesta institucional para prevenirla y sancionarla, malgasto público, informalidad y autoritarismos tributarios para encararla, etc.
Las cambiantes posiciones de líderes y organizaciones evidencian que debatir primarias abiertas o cerradas no es de principios. Lo que subyace es temor que el gobierno recurra al clientelismo con empleados, subsidiados y proveedores para colocar en sus bolsillos votos para ganar.
Se comenta que el gobierno concibe esas primarias abiertas para argumentar modificación constitucional tras repostulación presidencial.
El Presidente no puede ignorar las condiciones adversas que rodean este propósito: Las encuestas muestran liderazgo disperso y desfavorable. E inconformidad: “las cosas van por mal camino”. Su partido ya no es lo disciplinado, monolítico y encubridor, que era. De la comunidad internacional provienen advertencias inusitadas, reiterativas de “dos períodos son suficientes”.
Los mentideros políticos especulan que, a sabiendas de estas limitaciones, el mandatario procura bajaderos que lo sostengan ahora y/o después, recurriendo incluso a fórmulas que incluyan figuras opositoras.
Así, eventuales resultados favorables de unas primarias abiertas, solo servirán como recurso negociador.