Primarias, secundarias, superiores

Eusebio Rivera Almodóvar

Desgraciadamente el origen y filosofía de la democracia (“demos-pueblo; kratós-gobierno”) han sido desnaturalizados y en ninguna parte del mundo existe como tal. Ahora, donde todo se compra o se vende, si lográramos conseguir un dirigente, líder o candidato auténticamente honesto, leal, responsable, incorruptible, se trataría de la excepción confirmante de la regla. Lo mismo puede decirse de los partidos políticos, grandes, medianos, pequeños y microscópicos, que se acomodan a los intereses de los poderosos e hipócritas que, a cualquier precio, mantienen su hegemonía sobre territorios y pueblos habitualmente pobres e ignorantes.
Como soñar no cuesta nada y el engaño consciente que deja placer aparente lo materializan las juntas electorales, o como se les quiera llamar, a través de sus partidos políticos, los pueblos se ven motivados a ejercer su soberanía (plasmada en casi todas las constituciones del mundo) mediante un voto que dejó de ser realmente libre o puro desde que el dinero se convirtió en motor para las propagandas, promesas, arreglo de imágenes, compra y venta de votos para que los candidatos rara vez representen las aspiraciones y planes de los ciudadanos.
Por lo anterior, resulta un fútil entretenimiento mediático la discusión sobre la forma en que serán escogidos los candidatos de los partidos políticos porque el dinero y su hermano gemelo, el poder, habrán de imponerse para que los candidatos seleccionados en primarias partidarias, abiertas o cerradas, sirvan a los secundarios y superiores intereses de quienes se mantienen manejando el erario, cogiendo préstamos que ellos nunca pagarán, sino la ciudadanía, y corrompiendo a la sociedad con un clientelismo bochornoso, ambos entronizados como lastres permanentes del verdadero desarrollo.