Problemas que hoy son pequeños

Dejar que los pequeños problemas se pongan grandes es una trampa. Porque lo pequeño siempre tiene vocación de llegar a grande. Quien piense lo contrario que mire a su alrededor y se dará cuenta que muchos de los problemas mayúsculos del país, en particular los de nuestras ciudades, empezaron como cuestiones nimias y sin importancia que apenas nos llamaban la atención. Son los casos, por ejemplo, del transporte público, de la abundancia de basura en nuestras calles y avenidas, del desperdicio de agua potable por doquiera, del vaciado de aguas residuales en los importantes ríos Isabela y Ozama y la ocupación de los espacios públicos por parte de venduteros y personas pobres y necesitadas.
Veamos otro ejemplo que salta a la vista. Los alrededores de las universidades suelen ser espacios elegantes en los que abundan las librerías, las pequeñas y atractivas cafeterías, las residencias universitarias y hasta algunos museos. Pero en nuestra querida y vetusta Universidad Autónoma de Santo Domingo no es así. Un día llegó un vendutero vestido de pobre y de necesidades, luego otro, después varios, y hoy en día la UASD es un alto centro de estudios con bolsones de buhonerías tropicales donde se vende prácticamente de todo. Toda una ciudad universitaria afeada sin necesidad.
Todos estos problemas fueron pequeños, como los cercos de tarantines al que están sometidos los principales hospitales públicos del Gran Santo Domingo y de varias provincias. En la vecindad de cada centro de salud hay un entorno francamente anti sanitario y de una estética horrible.
En cada uno de los casos aquí citados hay un elemento en común: las autoridades competentes no hicieron caso a lo que empezaba, no fueron sensibles a la calidad del medio ambiente ni intuyeron que lo que comenzaba pequeño podría crecer y convertirse en un dolor de cabeza. Ni los cabildos ni el Ministerio de Salud Pública ni las autoridades universitarias ni los responsables de las políticas medioambientales. Nadie se dio por aludido, nadie se sintió llamado a tener una ciudad limpia, respirable, agradable y cómoda para los ciudadanos y las ciudadanas.
Un hospital requiere de un entorno determinado. Una universidad necesita una estética propia de los altos centros de estudios. Los espacios públicos deben ser atractivos, funcionales y cómodos. Nuestras autoridades deben ser sensibles y deben aprender a abordar los problemas cuando empiezan, antes de que crezcan y nos aplasten.