Productores grandes imitan a los pequeños

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Aunque normalmente, la transferencia tecnológica de la agricultura comienza por los grandes productores, en la República Dominicana se inició por los pequeños en el cultivo del arroz, siendo quizás el único caso en el mundo.  

Los arroceros grandes del país comenzaron a usar las variedades mejoradas de porte bajo y alto rendimiento, al comprobar el éxito de los productores de la reforma agraria, asentados por el Gobierno. En 1967, las autoridades decidieron mejorar las variedades de arroz locales, trabajo realizado por un equipo técnico encabezado por el  doctor Yin Tieh Hsieh, investigador taiwanés que vino al país con la Misión Técnica de Taiwán (1963).

Unos años después (1972), las variedades de alto rendimiento seguían siendo  usadas sólo por  los productores de reforma agraria, entre las que figuran Juma 57 y 58.

En 1983, por una decisión   administrativa de las autoridades de  Agricultura fueron enviadas a las factorías para molerlas todas las variedades tradicionales de arroz de porte alto que tenían guardadas para semillas, por lo que todos los productores se vieron obligados a sembrar las variedades de porte bajo.

Para la fecha, el Gobierno que encabezaba el doctor Salvador Jorge Blanco había tomado la decisión de no importar arroz y que una forma de lograrlo era si los productores grandes y pequeños usaban las variedades de porte bajo y alto rendimiento.

Eso se logró

Con el cambio de las variedades, también llegó la nivelación de los terrenos arroceros y un paquete tecnológico para el cultivo que era transimitido a los productores por un grupo llamado “Los 12 apóstoles”, dirigido por el ingeniero agrónomo Gilberto Apolinar Abreu.

Donde ese grupo llegaba se aplicaba toda la tecnología generada, que era: semilla (variedades de alto rendimiento), método de siembra (reduciendo la cantidad de semillas), el semillero, el muro (con la nivelación del terreno, al reducir la cantidad de muros aumenta el tareaje). Parcelas de 100 tareas perdían 20  en los muros, que al eliminarlos aumentaban a 97 y 95 tareas, según explicaciones del ingeniero Manuel González Tejera, M.D.Sn, egresado de la Unión Soviética.

La nivelación del terreno optimizó el riego y por ende el uso de fertilización y de los agroquímicos.

Los productores de reforma agraria fueron los artífices de la transferencia tecnológica del cultivo del arroz en el país, precisa González Tejera.

Variedades

Las semillas tienen una importancia capital en cualquier cultivo y mucho más si se trata de arroz, que es uno de los productos principales del país y del mundo.

El Instituto Dominicano de Investigaciones Agropecuarias y Forestales (IDIAF), con la colaboración de la Misión Técnica de Taiwán, ha liberado 68 variedades mejoradas y realizado 2,600 cruzamientos, de acuerdo al   ingeniero Angel Adames. En la actualidad, más del 50% del área arrocera nacional  se siembra con variedades liberadas por la estación Juma del IDIAF.

Entre las variedades figuran Juma 51,57,58, 61, 62, 63, 64, 66, 67, Idiaf 1. En las seis primeras de esas variedades trabajó el investigador Desiderio Amarante. El doctor Hsieh participó casi en todas.  

Además existen las variedades Prosequisa 4, 5, 7 y 10   de la empresa Productora de Semillas Quisqueyana, que también presentó a las autoridades otras 5 variedades (Prosequisa 11, 12, 13, 14 y 15).   Igualmente, el IDIAF presentó las líneas promisorias J1335 y KSY 634, las que  espera  liberar como nuevas variedades  el próximo año. Además el Consorcio Semillero del Cibao, con sede en La Vega, importó nuevas variedades de arroz híbrido que oferta a los productores.

En el país también existieron las variedades Toño Brea e Inglés Largo, de la que salió la Inglés Largo 5-29, y luego el Toño Brea 4-32.  Después se trajeron variedades de Texas A&M, y nace la  primera variedad del doctor Hsieh, Juma 1. El era uno  de esos genios que había en Taiwán que creó la famosa variedad de arroz Milagrosa IR-8.

Secano

La mayoría de las variedades de arroz de secano han desaparecido porque el secano representa apenas 1.5% del área total sembrada de arroz en el país, que es de 1.2 millones de tareas anual. Eso ha ocurrido en la medida en que se han ido mejorando las variedades. Entre las variedades desaparecidas están Yabacao, Uña de Gato, Diente de Gato, Higüeyana, que eran las 4 principales  en el país. La Toño Brea y la Inglés Largo eran variedades de riego, pero fueron adapatadas a secano.  La variedad Tanioka, lograda en Dajabón, sirvió de pariental a  Prosequisa 4, desarrollada por un equipo técnico, encabezado por el doctor  Hsieh. Las variedades de secano se siembran en San Rafael del Llano,  San Pedro de Macorís; Río Limpio, Elías Piña; Partido, Dajabón, y Santiago Rodríguez. Desarrollar una variedad de arroz  toma  6 a 10 años: selección de materiales, prácticas en las zonas arroceras e inversión de recursos.

Exportación

El país suple semillas de arroz a Centroamérica y el Caribe. El país sigue  a la vanguardia en investigaciones  dirigidas a mejorar el cultivo de arroz en la región.

El subsector arrocero provee empleo a 30 mil productores y más de 500 mil personas dependen de las actividades de producción, procesamiento y comercialización de este cereal. Se estima en RD$20 mil millones el valor anual de la producción local  de arroz.

Pinceladas arroz

El arroz llegó al país  en  1512, se sembró en Jabacao y en 1880 era el principal cultivo del Nordeste (provincia Duarte). Pasa a ser un alimento de importancia  durante  la primera intervención norteamericana (1916-1924).  En 1930 existían fincas de arroz en Mao, Villa Riva y San Juan de la Maguana. En 1929 la producción era  de 154,323 quintales y  en 1935 aumentó a 617,294 quintales en  425,588 tareas. En 1943, el agricultor Antonio Brea, de  Mao, mediante   una selección empírica obtuvo la variedad Toño Brea. En la década de  1950 recayó sobre el Banco Agrícola  la difusión de variedades como la Rexoro, Blue Bonnet y Century Patna. En 1950  la producción de arroz fue de  880,262 quintales. El verdadero impulso a la producción arrocera se logró en 1962, con el establecimiento de la Estación Experimental Arrocera en Juma-Bonao y la llegada de la Misión Técnico Agrícola de Taiwán.  Con casi la misma superficie de siembra, la producción se duplicó entre 1961 y  1971 al pasar de 1,617,230 qq. a unos 3,037,966 qq. en 1971, producto del incremento del rendimiento. A raíz de la implementación del Código Agrario de 1972, son introducidas al mercado las variedades de alto rendimiento (VAR) de la estación experimental de Juma 57 y Juma 58., las cuales en 1981 solo representaban el 27% de la producción nacional (incluyendo a ISA-40, de Prosedoca, introducida por el Instituto Superior de Agricultura).  A partir de  la década de 1980, con la consolidación del Equipo Tecnológico Arrocero y la introducción de las Áreas de Desarrollo Intensivo (ADI). Ya para 1983, el 82% de la producción arrocera provenía de las VAR, lo cual es considerado un gran logro para el aumento de la producción. La producción arrocera alcanzó los 5,723,000 de quintales en 1980 y  los 6,127,800 quintales en 1990, caracterizándose esa década por los altibajos en la producción.  A finales de los 80 y gracias a las ADI, comienza la difusión masiva de la nivelación de los terrenos arroceros.

La cifra

1.5 por ciento. Es lo que representa la siembra de arroz en secano del área total que se siembra en el país (1.2 millones de tareas anual).