Profesor, aunque casi nos ahogamos con estas vaguadas, todos queremos más agua ¿conoce usted el Premio Ecológico a la Siembra de Agua?

Eleuterio Martínez

R. Claro que lo conozco, se trata de una hermosa iniciativa de la Fundación Sur Futuro, que acaba de realizar su tercera versión, premiando entre otros, al Plan de Manejo Forestal La Celestina, que desde sus inicios, implementa el Plan Sierra en el municipio de San José de las Matas y la colindancia del Parque Nacional Piky Lora.
La disponibilidad de agua dulce sobre tierra firme depende de un mecanismo perfecto y automático de reciclaje que implementa la naturaleza en su seno para garantizar la disponibilidad, distribución, calidad y cantidad del líquido de la vida, en todos los rincones, regiones, latitudes y meridianos del planeta.
Ese mecanismo es conocido como ciclo hidrológico y es impulsado por el Sol, el corazón de este sistema cósmico que hace circular el agua, para garantizar la presencia de la vida donde quiera que llegue o esté presente. La sangre es la fuerza de la vida humana y el agua, la fuerza de la vida planetaria.
A nadie hay que convencer de la importancia del agua para la vida, pero los seres humanos no comprendemos o no parecemos estar conscientes de su papel insustituible y que si la contaminamos o arruinamos sus mecanismos de almacenamiento, los bosques, puede escasear y hasta desaparecer.

Para combatir la ignorancia, llamar la atención y sensibilizar a nuestros congéneres, se ha recurrido a todo tipo de inventivas, iniciativas o mecanismos para estimular la participación colectiva que pueda revertir el actual proceso de deterioro, desperdicio y daños a los reservorios naturales que desde siempre y por siempre, nos garantizan la esencia de la vida: el agua.
De ahí la iniciativa de Sur Futuro con su programa de “Siembra de Agua”, inspirada en tradiciones, rituales y costumbres aborígenes suramericanas que tratan de ayudar a almacenar, retener y distribuir el agua, favoreciendo los mismos mecanismos naturales que han regido para la vida en todas sus expresiones.
Pero el agua no se siembra, más bien la cosechamos, la tomamos o nos servimos de ella, pues solamente la naturaleza puede fabricarla, purificarla y hacerla apta para su consumo. Ella es una gracia, pues nadie puede crearla y nunca habrá forma de sustituirla…, por lo tanto, tenemos que cuidarla como el tesoro más valioso que día a día recibimos como moneda vital.


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