PRSC en tiempos de relanzamiento y renovación partidaria

Reza el Eclesiastés que hay un tiempo para todo. Cualquiera diría que estamos ante señales propicias para relanzar y renovar el partidismo tradicional: Ley de partidos, desvanecimiento de protestas ciudadanas, agotamiento del tiempo para surgimiento de esquemas emergentes, vientos de reunificación en algunas parcelas.
Aplicada rigurosamente, la flamante y cacareada ley de partidos puede convertirse en instrumento de relanzamiento y renovación de las organizaciones, dirección incluida, no obstante haberla festinado por concentrarse en métodos de escogencia de candidatos.
No sabemos si los partidos que la festinaron se percataron plenamente de lo que aprobaron. Si se dieron cuenta que el art.28 los obliga a renovar órganos de dirección para que “en ningún caso…exceda el tiempo de mandato consagrado constitucionalmente para los cargos de elección popular”, es decir 4 años. Que para estos fines el art.31 obliga a integrar una Comisión de Elecciones Internas con “independencia administrativa y funcional”. Y que el art.32 sugiere que los conflictos internos sean resueltos por Mecanismos partidarios de Ética y Disciplina bajo supervisión del TSE.
Las protestas de sociedad civil están perdiendo el impulso inicial ante emplazamientos sobre temas diferentes a corrupción e impunidad que unen a la ciudadanía. Surgieron discrepancias internas sobre temas, expresadas organizacionalmente. Su conducción luce apetecida por políticos gastados en búsqueda de recuperar protagonismo perdido. Inconsistencias y falta de seguimiento en banderas levantadas, abonan el desvanecimiento. Sus organizaciones lucen afectadas por males comparables a los partidos: euforia, desbordamiento, desbocamiento y triunfalismo. El impacto de la primera marcha verde no ha podido ser superado en convocatorias sucesivas.
El tiempo para surgimiento de nuevos esquemas partidarios emergentes se agota, como obtemperando a Milanés: “el tiempo pasa, nos vamos poniendo viejos”. Ningún partido ni candidato emergente proyecta capacidad para estructurar programas convincentes de gobernación. Surgen tantos vendiendo ilusiones que llevan a la ciudadanía a mirar de nuevo a partidos tradicionales. El “Bloque” de partidos “opositores” se deshizo evidenciando contradicciones y fragilidades. El Foro de partidos no se centra en lo sustancial para mejorar el sistema.
Las parcelas Peñagomistas emiten señales de reunificación. Además de lo derivado intuitivamente, abrazos y sonrisas se observan en encuentros de dirigentes de partidos que abrazan socialdemocracias: PRD Y PRM.
Solo falta que el PRSC se deje llevar de estos vientos para que el partidismo “opositor” pudiera renovarse y relanzarse hasta arrebatarle el poder al PLDismo expuesto a choque de trenes.
Para ello el reformismo debería abandonar su patología litigante, retirando demandas ante TSE, sometiéndose a mecanismos contenidos en la ley que viabilizaron. Y concentrarse en retomar accionares políticos, en medios y calles, centrándose en preocupaciones ciudadanas; abandonando arritmias temáticas actualmente seguidas.