Psicópatas funcionales

José Miguel Gómez
José Miguel Gómez

Duele mucho tener que admitir que en familias, trabajos, religiones, partidos políticos, en los negocios y los diferentes espacios donde socializamos, aparecen personas de “cerebro dañado” que aparentan ser funcionales, bondadosos, solidarios, buenas personas y hasta dignos de admiración. Es difícil detectarlo a tiempo. Hasta a la psicología y la psiquiatría suelen confundirla o engañarla dado su alto grado de cinismo, manipulación y dramatización para simular o cambiar el ropero según sean las circunstancias. A la Justicia,policías,y hasta las personas que llegan a ser sus víctimas le confunden, les pone a dudar, por grave que sean sus crímenes, delitos, daños, maltratos, violaciones o transgresión a la ética y a la moral. El psicópata sabe cómo lidiar en cada escenario. Hasta en los crímenes y torturas más desgarradoras a la humanidad; en las dictaduras y holocaustos fueron dirigidos por psicópatas funcionales, que hacían una vida normal como cualquier ser humano. El psicópata es un personaje hábil, astuto, cínico, de afectos medibles, calculador y frío, pero pegajoso y empático para alcanzar sus propósitos. Alguien que no siente compasión, ni respeto, ni consideración, ni dolor, ni aflicción por el daño que produce. Los psicópatas de alta peligrosidad y de pocas habilidades e inteligencia los encontramos en las cárceles, hospitales psiquiátricos, debido a sus alteraciones psicopatológicas que producen daños, crímenes, violaciones y asesinatos en serie. Pero cuando se habla de un psicópata funcional, estamos hablando de una persona diferente que posee habilidades y destrezas, inteligencia y tacto para manejar circunstancias; saben dividir, chismear o victimizarse cuando les conviene. Pero se manejan sin estridencias, sin resaca moral y sin ética; aunque saben guardar las apariencias. La diferencia es que parece un ciudadano normal, empático, que se cuela en cualquier espacio y que vive en nuestro alrededor, siendo percibido como “normal” a veces, como exitoso, realizado, productivo y de utilidad por el servicio que ofrece. Sin embargo, ese psicópata funcional es el hombre gris que hace el trabajo sucio desde el poder, la política, la empresa, el sindicato, la familia o en la pareja. Sabe qué hacer, cuando otros no saben qué hacer, resuelve, facilita, viabiliza ofuerza situaciones.
Ese psicópata funcionalse puede olfatear como un señor tierno, apacible y colaborador, pero con el alma dañada, de vida resentida y de ambivalencia efectiva; con rasgos narcisista y de comportamiento pasivo-agresivo, mitad perversidad y psicópata de cuerpo entero. Solamente se observa el comportamiento vertical, donde quiera que socializa tiene los mismos habítos y los mismos comportamientos: alteración a las normas, crear sus propias reglas, sacar ventajas y beneficios, ser egocentrista, manipular, comprar y condicionar a grupos, familias, parejas y amigos, con tal de lograr sus propósitos. Para Hugo Marietan, “el psicópata es un personaje de vida cotidiana normar, de estilo autocrático que trabaja para sí mismo, que hace el trabajo sucio, el negocio ilícito, evade impuestos, chismea, planifica maldades y corrompe para mantener su estatus social. Sin embargo, es tan fino en sus modales que es difícil de reconocer debido a que a veces son solidarios, compasivos, teatrales y cínicos, frío y dramatizadores, confundiendo como el payaso que hace reír pero su vida existencial es una verdadera agonía”. El problema radica en sus emociones, en su historia heredo-familiar, en la dinámica estructurada desde su vida infanto-adolescente, pues vienen de un desarrollo de afecto ambivalente, de abandono y confuncion, de desapego, y falta de equidad, de límites y normas claras.
Solo hay que darle tiempo, guardar silencio, tener paciencia, para verle transgredir, corromper, dividir, comprar y conseguir sus propósitos a base de formas no convencionales, ni ética, ni moralmente ajustadas en hacer lo correcto. El psicópata funcional termina siendo un tóxico que tarde o temprano lo sienten las personas que han sido víctimas, pero también lo vive el que lo ha utilizado o esperaba de su fidelidad, lealtad o compromiso. La visibilidad es que deambulan en la vida cotidiana como personas normales. A veces, como personas exitosas y de vida sabia. Pero sabemos que usan sus propios códigos, repiten los mismos patrones de conductas, no sienten culpa, humillan y desvalorizan, usan a las personas, mienten y seducen; pero sobre todo, hacen lo que quieren sin importar las consecuencias. Literalmente, un monstruo vestido se señor.