PUERTO RICO: libre tus cielos, como una estrella, queremos volver…

AFICHE CUCHI PUERTO RICO.cdr

Aleluyas.

Hablamos otra lengua, con otro pensamiento,
en la onda del espíritu y en la onda del viento.

Y os estamos diciendo hace tiempo en las dos,
que os vayáis con el diablo y nos dejéis con Dios.
José de Diego (*).

Cuando Antonio Caban Vale, el topo, escribió los versos iluminados para su clásica Verde Luz, mira a todo Puerto Rico, su historia y especialmente su mar y sus corales.
Cargado de un sentimiento en trance, nos dice : ” Verde Luz de monte y mar. Isla virgen de coral. Si me ausento de tus playas brumorosas.
Quiero volver, quiero volver “…
Entre La Borinqueña de José de Diego y Verde Luz, oscila la vocación de Himno patrio para Puerto Rico. En los dos textos hay dolor y no hay dolor. Camino marcado de una pena que no es inconsolable, tiene en sus vectores y destinos, la rabia del querer ser en la trascendencia de un inventario de bondades de seres y geografía.
En Puerto Rico, el huracán María ayudó a reconstruir una larga memoria de solidaridad, cadena humana que se extiende, de cariño a cariño, para rodear la isla entera mezclada con cantos y banderas, que hace alucinar al visitante…
RAZONES PARA LA SOLIDARIDAD CON PUERTO RICO
Los huracanes son diosas y dioses, de vientos y pelo largo gris húmedos por el mar.
En sus afanes de tiempo y lluvia, no miran hacia la tierra, allí están sus ofrendas mortales esperando el ciego y severo castigo, con agudo telón de fondo gris.
En esa furia entintada de gris plomo, vuelan por los aires los débiles hogares, los cuerpos yertos sin numeración posible, porque en Puerto Rico las víctimas tienen cifras inconfesables, manipuladas por la administración. Antes de María la inclemente y pérfida, había pasado Irma, con el desdén propio de quien amenaza sube por los cielos y sigue de largo, pero castigando siempre, Porque Irma, no la dulce como el film , enredada en su larga cabellera de aguas y empalizadas caídas, dejo las huellas para María, quien en su oficio letal, todavía no ha podido doblegar el fuerte espíritu de mujeres y hombres boricuas.
Los de Puerto Rico mantienen un alto espíritu ante la adversidad, amparados en los canticos que son los suyos.
Cuando la voz de Lucecita Benítez dice ” :
Borinquen te quiero
porque en ti nací
y en ti fue que vi,
el resplandor primero.
Yo te soy sincero
una enardecida
serás bendecida
aunque en ti moriré
pero yo te cantaré
desde la otra vida
pero yo te cantaré
Borinquen desde la otra vida ”

Héctor Lavoe, autor del texto, le responde :
“Tierra hospitalaria
esa es Borinquen.
Tierra de mi Edén
oye mis plegaria.
Tierra necesaria
¡oh! garza dormida,
mi canción se inspira
no te ha de olvidar
y yo te voy a cantar
desde la otra vida,
y yo te voy a cantar
Borinquen desde la otra vida”.

Dos voces para una isla golpeada por el dolor y la tragedia, haciendo de corazones fuertes, ayudando al otro, haciendo del otro tirado en la calle, que duerme entre brumas y calor de la calzada, el objetivo humano de todos los días.
Están inspirados en estas voces, que cantan en la pasión con trasfondo jíbaro una adhesión a Puerto Rico desde el alma más profunda, arrobados entre cielo y azul estrella, con vocación y destino de gran nación insular.
A decir verdad, el tono del canto es proteico, una fuerza de afecto transtelúrica, que hace un inventario absoluto de fibras y entregas del alma, que no se queda en la estrecha periferia de los sueños inútiles, que acude a la sutil propuesta de inmolación si fuera posible, todo por Borinquen, todo por Borinquen…
¿Todas estas razones no suficientes para convocar a los amigos latinoamericanos para ser solidarios con Puerto Rico?…
ENCUENTRO Y PENSAMIENTO LATINOAMERICANO CON PUERTO RICO ENTRE PONCE Y SAN JUAN
Factor Recuerdo. Bayamón. 1967
Bordeaba el avión un mar cristalino, que visto desde la ventana, traía recuerdos imborrables. Bayamón, 1967. La Jec. Puerto Rico como espacio de libertad para un adolescente rebelde cuya búsqueda absoluta del amor perdido le llevaría a un Puerto Rico repleto de sonidos fabulosos.
Ismael Rivera estrenaba su bugalú, entre aplausos y bailes y se ponía de moda aquel baile cuya música de fondo estructural no era más, según mi madre decía entonces, que el viejo danzonete cubano envuelto a lo boricua. Pero se bailó y con regusto y locura..

Bordeaba el avión aquel mar cristalino y Puerto Rico me revolvía los recuerdos, apenas en sus puertas de nubes, se aterrizaba y un cariño resurgía a borbotones…
Brasil, Chile, Argentina, Perú, Costa Rica, Honduras, Uruguay y República Dominicana se daban cita en Puerto Rico, desde el 30 de junio hasta el 7 de julio, para ser solidarios con Puerto Rico, para hacer una declaración, para que nacieran ideas y alumbramientos insospechados, en Ponce, benemérita ciudad, perla del suroeste.
Ahí estábamos, diciendo sí a una nación y a un país insular verde y estrellado.
Nos unía, sin decir palabras, un grato aliento de no dar condolencias, el compadecer como habladuría vacía. Todo eso sería inútil, tonto, vacío.
Habíamos llegado a construir lazos para futuro, para salir luego de Puerto Rico y comunicar al mundo que Puerto Rico nos necesita ahora, no mañana, después; Puerto Rico nos necesita ahora.

Las discusiones comienzan, las ideas brotan, se hace el ambiente.
Las conclusiones nacen como los botones de rosas cautivados y firmes.
La diversidad latinoamericana, fértil y abierta como los grandes ríos del continente, se manifestaba en cada encuentro, vibrantes espíritus a corazón abierto.
Cada quien buscaba el puente con el Puerto Rico y millones de historias comunes surgieron.
La obligada era aquella del intercambio interinsular de República Dominicana con Puerto Rico desde finales del siglo 19 hasta el 20, en toda su extensión.
Existe un rica documentación de investigadores e historiadores que fundamentan esas relaciones luego de mucho tiempo. Coyunturas demográficas. Azúcares fundacionales, las goletas que iban y venían, las emisoras de Puerto Rico en los radios de San Pedro de Macorís y La Romana, los dos espacios favoritos por excelencia para la migración de Puerto Rico. De paso, una visión autocrítica: nuestra ceguera institucional que tiene ceguera histórica para entender que con Puerto Rico seguimos teniendo una deuda moral, justificada, además, porque según la curva demográfica, un 16% de la sangre puertorriqueña de hoy es dominicana… Pero esta no es la única razón para esa deuda, es Puerto Rico todo y su presente.

En medio de aplausos, en plena ciudad de Ponce, nacería la Fraternidad Cultural Dominico-Puertorriqueña, cuya misión sería difundir la cultura de Puerto Rico en República Dominicana. La misma tendría sede en Ponce, con la ayuda del Instituto de Cultura Puertorriqueña de aquella ciudad.

Ideas y pensamientos para Puerto Rico, como la danza de Morel Campos: Mis amores.

En síntesis
(CFE)…
(*) José de Diego.
(Aguadilla, 1867 – Nueva York, 1918) Poeta, político y abogado puertorriqueño. Aunque comenzó sus estudios en Mayagüez, José de Diego se trasladó tempranamente a España para estudiar en el Instituto Politécnico de Logroño. Pronto se despertaron en él las aficiones poéticas y la atracción por la política. A los catorce años de edad formaba parte del Comité Republicano Progresista de la ciudad riojana y enviaba sus primeras colaboraciones a La Semana Cómica de Madrid.

En la Universidad de Barcelona cursó la carrera de leyes. Por aquellos años fundó, con Ricardo J. Catarineau, el periódico La Universidad. En 1885, unos versos audazmente extremistas publicados en El Progreso de la capital española le valieron ingresar en la cárcel. Muchos de sus poemas son precisamente sobre temas políticos de su tiempo, dada la situación de las últimas colonias españolas en América, especialmente de Puerto Rico y Cuba.