Pyeongchang 2018: dos Coreas, una bandera

Alfredo de la Cruz.

Los presidentes de Corea del Norte, Kim Jong-un y de Corea del Sur, Moon Jae-in han dado un giro histórico a las relaciones entre sus dos naciones al anunciar el 17 de enero pasado, tras más de 60 años técnicamente en estado de guerra, que las dos Coreas desfilaran bajo una bandera unificada en la ceremonia de apertura de los XXIII Juegos Olímpicos de Invierno que inician el 9 de febrero en Corea del Sur (Juegos Olímpicos de Pyeongchang 2018). Es la primera vez que ambas Coreas desfilen juntas en unos Juegos, desde los XX Juegos Olímpicos de Invierno celebrados en Italia (Juegos Olímpicos de Turín 2006).

Tras las malas relaciones entre ambos Estados en la última década y el avance de los programas nuclear y de misiles balísticos intercontinental de Corea del Norte, este acuerdo es un acercamiento importante para aliviar las tensiones producidas en la región por las pruebas militares de Pyongyang y las amenazas con las que ha respondido el presidente estadounidense Donald John Trump al régimen de Kim.

Esta semana hablamos de la crisis Estados Unidos-Corea del Norte; del pensamiento de Donald John Trump y de Kim Jong-un; de la sexta prueba nuclear realizada por Pyongyang y su significado real; de los Juegos Olímpicos de Pyeongchang 2018, el acercamiento de las dos Coreas y el posible significado estratégico para Kim.

El pensamiento de Donald John Trump

Contestes con el profesor Mauricio, comprender el pensamiento de Donald John Trump hace necesario tratar de entender que ocurre dentro de su cabeza, porque para este existen dos mundos, un alto y uno bajo. En el más alto está la élite política que la conforman los políticos tradicionales demócratas y republicanos, así como los académicos quienes se han aprovechado de los estadounidenses para crear normas que le favorecen y benefician. Él no se considera parte de esa élite, representa a quienes no lo son y llegó para devolver el poder a sus dueños legítimos. No es una línea discursiva para convencer a las bases, es su forma real de pensar.

De ahí que cuando los temas de su agenda son bloqueados en el congreso, las cortes o cuando algo que lo compromete es revelado por los medios, es la conformación de un verdadero complot. Porque los medios solo señalan de él lo malo, los errores y omiten hablar de las cosas buenas de su administración. De manera que, como los medios, al igual que los académicos, están dentro del grupo elite distanciado del pueblo, no se percatan que mientras más lo atacan, más lo hacen crecer.

Es esa desconexión la que ha causado que las elites negocien malos acuerdos internacionales y permitan políticas débiles en asuntos como la migración, olvidando las gentes que vota por ellos. Por eso, de Estados Unidos todos han abusado, lo que se puede ver en acuerdos como el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) que acorde a su pensamiento es muy redituable para las contrapartes, pero muy perjudicial a Washington. En pactos de seguridad como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), Estados Unidos ha sido quien ha sobrellevado la mayor parte de la carga financiera y militar, sin que Washington haya resultado igualmente beneficiado.

Para Trump la proyección geopolítica de Estados Unidos como superpotencia es importante, solo y únicamente si Washington gana cosas tangibles y concretas, lo que coloca las relaciones como transacciones. Esto quiere decir que si el poder estadounidense no se traduce en beneficios económicos para las empresas y trabajadores estadounidenses o en una utilidad política específica (por ejemplo, el abandono del programa nuclear por Corea del Norte) el pacto, alianza o acuerdo no tiene razón de ser.

Trump, Corea del Norte y China

Para Trump, China no ha hecho lo suficiente para frenar las ambiciones nucleares de Pyongyang y la Casa Blanca ha intentado de todo. Por esta razón manda un mensaje contundente de que los tiempos para diálogos terminaron y Washington cuenta con varias opciones para evitar la posible escalada de un conflicto militar. Si la escalada no puede ser detenida, la administración Trump quiere que se sepa que va a correr el riesgo que sea necesario, pues es preferible asumir los costos de un conflicto militar ahora que bajo las impredecibles condiciones del futuro.

El juego de disuasiones de Trump lleva el riesgo de salir mal, pues tras las exhibiciones de músculos de Washington sus rivales podrían intentar hacer lo mismo para demostrar que no se intimidan. En estas circunstancias, el cómo respondería Trump si se dan esos escenarios parece ser la pregunta.

La situación se problematiza pues la exhibición de la capacidad militar de Kim no es solo a sus enemigos externos. Su poder militar es lo que le permite sostener el control del régimen ya que lo muestra fuerte en lo interno. En el supuesto de que Pyongyang fuere atacado Kim está obligado a responder porque de no hacerlo, se mostraría débil lo que podría traer problemas de gobernabilidad.

Si Washington decidiera atacar a Pyongyang, Kim podría responder atacando a Corea del Sur, aliada de los estadounidenses. Esta respuesta podría acarrear represalias adicionales, lo que podría escalar la espiral, entonces Pekín podría salir en ayuda de su aliado. Esto no implica directamente un enfrentamiento con Estados Unidos, la gama de opciones es amplia: asesores militares, financiamiento, armas, o remover la cabeza del régimen para garantizar un gobierno favorable a los intereses chinos, si bien, nada puede ser descartado. El problema fundamental es que a pesar de todo cualquier acción da puerta a una variedad de escenarios que podrían salirse de control y llevar a situaciones mayores.

Corea del Norte y su sexta prueba nuclear

Al momento de la salida del presidente Barack Hussein Obama II de la Casa Blanca, Washington y sus aliados estimaban que disponían de al menos unos cuatro años para revertir el programa nuclear de Corea del Norte antes de que estos llegaran a disponer de un misil intercontinental balístico y una bomba atómica miniaturizada capaz de ser colocada en ese misil. El ensayo nuclear realizado por Pyongyang el 3 de septiembre de 2017 mostró que Pyongyang ha avanzado considerablemente en sus programas nuclear y de misiles balísticos más rápido de lo que se había estimado. Ya el Pentágono asume que Pyongyang ha logrado miniaturizar la bomba para poder montarla en esos misiles.

Si bien se cree que Kim no domina aun la tecnología para el reingreso de esos misiles a la Tierra después de haber realizado el viaje y sean una amenaza real contra Estados Unidos. Pero si miramos la velocidad y avance del programa nuclear de Kim podríamos inferir que, si no cuentan con tal capacidad, estarían a solo meses de conseguirla.

Pese a las amenazas del presidente Trump, las posibilidades militares reales de Washington son muy limitadas, pues Kim ha sabido comunicar que ante cualquier ataque estarían bajo peligro directo millones de habitantes de Corea del Sur y de Japón. Esto hay que tenerlo en cuenta pues análisis muy serios estiman cientos de miles de muertos por armamento convencional solo en los primeros días de combate, con la detonación de esa escalada. De manera que un ataque a Corea del Norte solo es posible si Washington pudiese desarrollar una táctica que neutralizase el poder ofensivo inmediato de Pyongyang y que a la vez minimizara el costo humano que una escalada del conflicto pudiera ocasionar.

Pekín ha dado muestra de su oposición a la nuclearización de Corea del Norte, en el entendido de que, si Pyongyang es percibida como un riesgo para Estados Unidos y sus aliados en Asia, en esa medida Washington incrementará su presencia militar en la zona, algo que China trata de evitar por todos los medios y se conecta con las tensiones entre Pekín y Washington en los mares colindante de China.

Potenciado por el avance nuclear de Corea del Norte, Japón y Corea del Sur han reforzado sus capacidades militares al sentir las amenazas geopolíticas regionales. Dando como resultado una verdadera carrera armamentista en Asia, algo que China no desea. El presidente chino Xi Jinping sabe lo que significaría un conflicto regional con cientos de miles de refugiados ingresando a China desde la península coreana.

Sin embargo, China se mantiene dando apoyo político, financiero, comercial y económico al régimen de Corea del Norte. En otras palabras, a pesar de las sanciones internacionales, China permite que el comercio y el abastecimiento del país fluyan a través de sus fronteras, lo que en termino reales reduce la eficacia de las sanciones.

Lo que sucede es simple, pese al apoyo de Pekín a las represalias contra Pyongyang, ya sean diplomáticas o económicas, Kim sabe bien que Xi Jinping lo necesita. Si el régimen de Corea del Norte colapsa, la unificación de la península se podría dar bajo un Estado afín a Estados Unidos, muy probablemente con un pacto de defensa con dicha superpotencia. Lo que golpearía los intereses estratégicos de Pekín justo en su zona de seguridad. Es por lo que China siempre opta por la permanencia de Kim, aunque cada vez el este más dispuesto a desafiarle.

Juegos Olímpicos de Pyeongchang 2018

Pyeongchang es una ciudad de Cora del Sur que pertenece a la provincia de Gangweon. Los XXIII Juegos Olímpicos de Invierno se llevarán a cabo en esta ciudad desde el 9 al 25 de febrero del presente año. Como parte del acercamiento entre Seúl y Pyongyang las dos Coreas acordaron el 17 de enero desfilar bajo una bandera unificada en la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Pyeongchang 2018 y competir con un equipo conjunto de hockey femenino.

Ha sido una noticia novedosa pues Corea del Norte y Corea del Sur oficialmente se mantienen en guerra desde hace más de 6 décadas, se amenazan constantemente y Pyongyang tiene sus armas nucleares apuntadas hacia Seúl. De ahí que esta hermandad inusitada sorprende a todos, pues hay temas como la reconciliación y la construcción de la paz que no se dan de manera espontánea. Tomando en consideración que el discurso de Kim Jong-un a lo largo del 2017 estuvo marcado por la beligerancia que se acompañó de amplios progresos en el programa nuclear y el proyecto de misiles de Pyongyang.

Para algunos la participación en Pyeongchang le da a Corea del Norte una imagen de colaboración y dialogo con la que Kim buscaría respaldar la tesis de quienes piensan que Pyongyang solo reacciona con brusquedad cuando se siente en peligro de ser intervenido. Pero cuando se le ofrecen concesiones reales, su reacción es positiva. Por medio a esta estrategia Kim logra casi todo lo que persigue, sin comprometerse en aspectos que son cruciales: mantiene el progreso de sus capacidades nucleares, de misiles, y a la vez consigue distanciar a Moon Jae-in presidente de Corea del Sur del presidente estadounidense Donald Trump. Lo que por lo pronto le garantiza a Kim que no habrá un ataque militar en su contra, ya que una operación en la cual Seúl pagaría consecuencias enormes, sin su aval se descarta.

Como podemos ver Kim se acerca por esta vía a sus objetivos de largo plazo: su sobrevivencia, que es la sobrevivencia de su régimen, la de su país, y el rompimiento de su aislamiento. Gana tiempo que le permite concluir detalles tecnológicos para finalizar el misil balístico intercontinental capaz de transportar y detonar un dispositivo nuclear en cualquier parte del territorio de Estados Unidos. Elemento de disuasión que sellaría la garantía de no ser atacado.