¿Qué 20 años no son nada?

El 3 de mayo era su fecha favorita, más que la Navidad, que el Año Nuevo, que su cumpleaños. era la gran fiesta del espíritu y del hedonismo, del disfrute en familia, con amigos y correligionarios.
Un día tan significativo que la mañana del 2 de mayo de 1998 le preguntaste a mi Miriam que, fue una gran hija tuya: ¿hoy es día 3? Poco después moriste. Te fuiste. Ya no podías ver el 3 de mayo; habías perdido la visión.
No verías los toros que se lidiaban en la barrera preparada al efecto. No podías ver la sonrisa de las muchachas ni el viento que acariciaba sus cabellos. Ni escoger las ricas empanadas de catibía que freían frente a la casa del pariente Nino Solano. Nino era el patrón del lugar donde por tantos años bailaste al sonido triste de atabales cuya queja venía de lejos, de años en los cuales las tradiciones enjaezaban los caballos, para que los jóvenes se pavonearan en la plaza, antes de la misa del día de la Santísima Cruz.
Ya no participarías en las alboradas de los 9 primeros días de mayo, ni en los paseos meridianos de los músicos que preparaban los ánimos y el entusiasmo para la fiesta de toros de todas las tardes. Así había sido durante nadie sabe qué tiempo, mientras sonaban los aires de aquella canción que decía: “rayo de luz, que se apagó”.
Tu luz se había apagado. Permanecía en tu recuerdo, en tu corazón, en las frescas orillas del río de cuyas aguas disfrutaste tanto tiempo.
No era igual si respondías a la invitación de amigos que sazonaban las 7 carnes de un rico sancocho para ser consumido bajo la generosa sombra de un árbol copudo, al calor de la amistad sincera y los buenos tragos que acompañaban tales condumios.
Ya no podías ver los túnicos nuevos para estrenar los cuales, las mujeres del pueblo guardaban chele a chele, peso a peso, para enamorar y deslumbrar a los hombres, con el colorido y el paso garboso de las mozas que describiste con el alma, en el hermoso poema al cual le compusiste las dulces notas de tu canción “Seibanita” donde celebraste la belleza y la donosura de sus mujeres.
Aquel no fue tu último 3 de mayo, aquel fue el 3 de mayo en el cual te fuiste para que tu recuerdo se mantenga en el tiempo ligado a tu mejor día, aquel en el cual disfrutabas de la historia de la costumbre de lo que siempre citabas: “tradición, tradición, música de buenos tiempos”.
Te recuerdo ligado a la música, a la sana diversión. Los hombres como tú no se lloran, se recuerdan con alegría.