¿Qué es un psicópata?

José Miguel Gómez
José Miguel Gómez

Cuando escribí el libro: El Marido Psicópata, un monstro vestido de señor, año 2014, lo describí así: “alguien incapaz de sentir compasión, admiración o respeto por su pareja. Literalmente egocentrista, manipulador y buscador de beneficios, pero sobre todo alguien con prótesis en el espíritu. Por años en mi condición de psiquiatra he tenido que olfatear y diagnosticar a personas que desde la niñez y la adolescencia reproducen comportamientos y conductas disociales: hurtos, robos, manipulación, desafío y amenaza a la autoridad (padres), golpear amigos, cometer abusos sexuales o producir sufrimientos a la familia y amigos, sin sentir ninguna aflicción, ni arrepentimiento, ni pedir perdón; más bien lucen fríos, distantes, ausentes, o dramatizando el cinismo de una culpa que está lejos de la compasión; para luego volver a sus mismos patrones de conducta. El psicópata es hábil, astuto, cínico, de afecto medible, calculador y frío, pero pegajoso y empático para alcanzar propósitos. Alguien que no siente compasión ni respeto por su pareja y, mucho menos, es capaz de admirarla ni valorarla. Literalmente egocentrista, controlador y pescador de beneficios. La otra persona para el psicópata es un objeto de autogratificación, desechable, utilizable y dependiente de él; alguien de su propiedad, para su autogratificación y para servirse. La confusión que genera el psicópata es que puede venderse como tranquilo, tierno, apacible y colaborador. Sin embargo, cuando se siente confrontado, desautorizado, frustrado o no logra el control, entonces, puede maltratar, humillar, golpear, amenazar o someter a su rival al control, la obediencia, ya sea con golpes, torturas, violaciones sexuales, etc. La sexualidad de los psicópata está tan alterada como sus pensamientos, emociones y conductas: un sexo ritualista, impulsivo, mecánico, mezclado de dolor, humillaciones, daño, castigo y placer (sado-masoquismo) voyerismo, exhibicionismo y fetichismo; pero también, cuando hay abuso de drogas, alcohol, conducta y prácticas de alto riesgo, los psicópatas son pedófilos, pederastas, violadores y hasta necrófilos. Frente al daño que ocasiona a sus víctimas el psicópata no siente culpa, ni arrepentimiento, no reconoce límite, ni vergüenza, ni perdón, ni empatía, ni compasión por el daño causado o maltrato que le puede ocasionar a personas con las que se espera que debe sentir apego, vínculo, afectividad y sentido de pertenencia sano: padres, parejas, hijos, hijastros, hermanos o amigos. Para enseñar a las parejas a medir riesgos y consecuencias de un marido psicópata, en el libro señalo: producen daños emocionales, psicológicos, sexuales y económicos; ejerce agresiones y violencia para controlar, se cree poseedor y dueño de la vida de su pareja, posee inmadurez emocional y social para manejar frustraciones y tolerarla de forma saludable; además, abusa de drogas, conductas de alto riesgos que no reconoce dada su ausencia de valores y de conciencia social y moral. El apego y la identificación con las figuras primarias es ambivalente o ausente, con grandes historias de abandono, desapegos y maltratos, que reproducen las actitudes emocionales negativas: ira, rabia, enojo crónico, sed de venganza, odio, resentimiento, culpa, tristeza y conductas pasivo-agresivas, etc. Para el psicópata, su conducta y el daño que ocasiona no están introyectados ni asimilados en su esfera moral y social. De ahí que justifica, racionaliza, niega o minimiza los daños; llegando incluso a victimizarse: “Ella se lo buscó” “me sacó de control” “me llevó al límite” “no me comprende” etc. Los psicópatas no son locos, o sea, su alteración no es del contenido ni del curso del pensamiento ni de una ruptura del yo de su personalidad, donde la alteración psicótica: delirios, iluminaciones, ideas de referencias, le llevan a conductas alterados y cometer crímenes. Los psicópatas planifican, tienen conciencia del daño que hacen, cómo y cuándo lo hacen. Lo que no pueden controlar son sus impulsos, ni discriminar ni gerenciar sus riesgos ni las consecuencias de sus daños, debido a que no cuentan con el aprendizaje sano en sus emociones, su parte moral, sus funciones ejecutivas y su esfera social para delimitar y posponer el daño o sentir culpa o dolor moral por las conductas que hacen.
Desgraciadamente entre 1.5 a 2% de la población tiene trastorno disocial o psicopatía, que hace más vulnerable y riesgoso cuando existen abuso de drogas, estrés psicosocial, exclusión social, marginalidad, bandolerismo y conductas de alto riesgo psicosocial, que le llevan a ser más peligroso y a cometer crímenes horrendos.


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