¿Qué estamos comiendo?

Millizen Uribe

Dentro del desastre institucional que tradicionalmente ha imperado en la República Dominicana me causa mucha satisfacción ver cuando algunas instituciones cumplen su trabajo.
Una de ellas es Pro Consumidor, que aunque hay quienes entienden libra luchas selectivas, para mí ha sido valiente al enfrentar algunos de los sectores que violentan derechos de la ciudadanía y la engañan. Para muestra un botón. En tan solo una semana Pro Consumidor cerró tres restaurantes: el tradicional Restaurant Chino de Mariscos, Salao Melao y Delicias Campestre. También cerró el “Súper Colmado Junior”, del sector Villa Consuelo.
La Directora de Pro consumidor, Anina Del Castillo, señaló que en algunos de estos establecimientos ¡había hasta cucarachas!, entre otras plagas e insectos, y que el personal manipulaba los alimentos sin guantes, sin mascarillas, y ni siquiera usaban camisas.
A esto se suman las tétricas condiciones de los baños que usaban los empleados: no contaban con agua ni para lavarse las manos y mucho menos para descargar los inodoros, además que se comercializaban productos vencidos, golpeados o en mal estado, no aptos para el consumo.
Pero ¡ojo!, esas son las condiciones de los restaurantes, pero ¿Qué pasa con la comida que venden en las calles, cerca de hospitales, universidades, y centros de trabajo? ¿Las está supervisando alguien? ¿Salud Pública, por ejemplo, o el mismo Pro Consumidor?
Todos estos casos, incluyendo los miles que aún no han sido reportados, representas un grave riesgo para la salud y seguridad de cada uno de nosotros. ¡Es un tema de salud pública! Afecta un derecho fundamental y viola una prerrogativa básica al momento de comprar: recibir alimentos en buenas condiciones.
Es por eso que no puedo dejar de hacerme las siguientes preguntas: ¿Qué pasa en los restaurantes, colmados, supermercados donde Pro Consumidor no ha llegado?
¿No hay sistemas de supervisión constante y directa? ¿Cómo es posible que estos negocios hayan operado por años sin licencias, o con los permisos vencidos, y violentando leyes y derechos? ¿Quién cuida a los dominicanos? Parafraseando, ¿En manos de quién está “la iglesia”? o, lo que es peor, ¿Quién podrá defendernos?
Mientras tanto queda desear que está batida incluya a todos los tipos de negocios, grandes y pequeños, amigos o enemigos del poder, y, que no sea como de costumbre, que la soga se esté rompiendo por lo más débil, porque ciertamente, después de ver las condiciones de estos y otros negocios intervenidos anteriormente, no cabe la menor duda de lo que esté pueblo tiene tanto tiempo comiendo.


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