¿Qué importancia tiene hoy el sector textil exportador?

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30 septiembre, 2006 9:53 pm Sé el primero en comentar
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POR ADOLFO MARTÍ GUTIÉRREZ
El tema textil es uno de los temas que ha causado más controversia en el llamado comercio multilateral. Después de muchos años de estar fuera de la regulación comercial, el sector textil se logra integrar a las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995. Con ello se institucionaliza un proceso gradual de desmantelamiento de las restricciones que pesaban sobre la cantidad de exportaciones de textiles, que dieron fin a principios de 2005.

Desde entonces, con la expiración del Acuerdo sobre los Textiles y el Vestido (ATV) y la supresión gradual del Acuerdo Multifibras (AMF), el sector de los textiles y el vestido comenzó a experimentar una revolución global. Pero, para abordar de manera socialmente responsable estas nuevas circunstancias, todavía se reconoce que el desenlace para los productores y exportadores de prendas de vestir latinoamericanos es muy incierto. Si bien Asia y China tienen los credenciales para convertirse en los grandes ganadores del proceso, la importancia del sector textil exportador en la región dependerá más bien de la capacidad de respuesta que puedan asumirse ante estos retos.

Se dice que la importancia del sector textil en una economía viene dada en función de los aportes de sus exportaciones y de la mayor cantidad de empleos ofrecidos. No obstante, al mismo tiempo, su importancia debe medirse en función de su cada vez mayor nivel de apertura y de una mayor prioridad asignada a los cambios institucionales requeridos. Así, si la República Dominicana no decide implementar nuevas estrategias que preparen la apertura e inserción del sector textil a las actuales demandas del mercado internacional, correrá el riesgo de deteriorar las condiciones competitivas de esta industria, mientras otros competidores continuarán implementando medidas para fortalecer su cluster textil y escalar hacia plataformas de mayor valor agregado.  

Antecedentes

El sector de las industrias textil, del vestido y del calzado es uno de los sectores económicos que hoy más se ha mundializado. Como consecuencia de este fenómeno, cada vez más rápido desde hace unos años, la distribución mundial de la producción y del comercio ha cambiado radicalmente en los dos últimos decenios. La redistribución mundial de la industria textil se inició a finales de los años 60’s con la expansión de nuevos centros de producción en Asia. En ciertos casos, lo que hacían los países productores era iniciar sus actividades ensamblando telas importadas y, progresivamente, iban organizando una industria textil nacional. Muchos países en desarrollo imitaron esta estrategia de industrialización y, es por eso que, desde hace veinte años, el volumen de la producción textil crece a un ritmo medio de aproximadamente 1.2% en el mundo, frente a un 2.7% en los países en desarrollo y hasta un 3.6% en los países asiáticos en desarrollo. No obstante, hay que reconocer que, hasta hoy, los países desarrollados han conseguido mantener una industria textil viable, mediante medidas de reestructuración y de modernización. Gracias a ello, seis países siguen figurando entre los diez primeros exportadores de textiles por el porcentaje de sus exportaciones en el total mundial: la Unión Europa (36.6%), China (17.7%), Hong Kong (7.3%), India (3.9%), Japón (3.7%), Estados Unidos (3.0%), y Corea (5.6%).

La industria del vestido, concentrada en un principio en los países industrializados, gradualmente se ha extendido a los países en desarrollo. Esto fue debido, fundamentalmente, a la presión de costos que le significa a un país desarrollado una mayor competencia de salarios bajos. Es por eso que, como la mayoría de los países productores del mundo en desarrollo son exportadores, casi han duplicado con respecto a 1970 su cuota de mercado mundial del vestido. Los más eficaces son los países asiáticos, quienes, atraídos por la proximidad del mercado europeo occidental, empezaron hace una década a invertir y a concertar acuerdos de subcontratación, llegando a convertirse en importantes proveedores de vestido en esa región. La industria del calzado presenta una estructura y unas características de producción análogas a las del vestido, y ha experimentado los mismos cambios en la distribución de la producción y del comercio internacional.

Pero, desde el punto de vista cuantitativo, el sector textil en el mundo ha experimentado cambios significativos en la importancia de sus roles comerciales y en la distribución del empleo. El traslado de actividades de gran densidad de mano de obra de países industrializados a países en desarrollo ha recortado considerablemente las oportunidades de empleo de los trabajadores no cualificados. En una fase inicial de desarrollo, las necesidades de formación son modestas, porque las técnicas de producción son relativamente sencillas. Pero al crecer, las empresas han tenido que mejorar su calidad y utilizar tecnologías más complejas, elevando el nivel de formación necesario para satisfacer esta demanda. Otro grave problema que no se ha resuelto es el de la flexibilidad cada vez mayor que precisan las empresas de las industrias textil, del vestido y el calzado. Ante la presión generada por la competencia internacional, a las empresas les resulta difícil garantizar una estabilidad en el empleo duradera, estableciendo en muchos casos acuerdos de subcontratación con empresas más pequeñas.

Importancia para la economía dominicana

La industria de textiles y confecciones en República Dominicana representa actualmente el 47.5% de las exportaciones que realiza el sector de las zonas francas en el país. Ese desempeño cobra mayor importancia para la economía dominicana debido a la gran cantidad de empleos y divisas que este sector genera. El ritmo de crecimiento mantenido durante los últimos veinte años  por las empresas del sector de prendas de vestir en las zonas francas de la República Dominicana, indica que el país ha logrado proyectarse como un destino confiable para las inversiones desde exterior. El país depende virtualmente, en su totalidad, de las importaciones de materias primas textiles, las cuales provienen en su mayoría de los Estados Unidos, que es al mismo tiempo, el principal mercado para a las exportaciones dominicanas.

Si bien es cierto que las exportaciones textiles mantienen un valor monetario cercano a los 2,000 millones de dólares en los últimos años, el sector ha ido disminuyendo su participación significativa en el aporte de divisas de las exportaciones. Así, las exportaciones de textiles y confecciones ha reducido su ponderación en el total de las exportaciones nacionales, de zonas francas y de servicios, de un 31.2% en 1995 a un 20.0% en 2005. Han reducido también su participación en el total de las exportaciones nacionales y de zonas francas, de un 46.8% a un 35% en igual periodo y, por tanto, reduciendo también la representación con respecto al total de las exportaciones totales de servicios (91.6 a 51.5%) y con respecto a las exportaciones totales de zonas francas (59.5 a 44.3%). Ante todo ello, el sector textil exportador de textiles ha reducido casi a la mitad el valor monetario de sus exportaciones con respecto al Producto Interno Bruto (PIB) de 15.0 a 6.9%.  

Según el Consejo Nacional de Zonas Francas de Exportación, 281 empresas de textiles y confecciones operan bajo el régimen de zonas francas. De esas, 239 empresas (85%) se dedican al ensamble de prendas de vestir, aunque la mayoría realizan además otras operaciones tales como corte, lavado especial, entre otros, o se dedican a la producción de servicios tales como bordado, impresión, corte, lavandería y terminación, teñido, elaboración de tejidos y diseño computarizado para la industria de confecciones. Es de destacar que la mayoría de las empresas fabricantes de textiles en el país (jeans, polo shirts, ropa interior, camisas) son compañías de muy reducida dimensión (pocas superan los 100 empleados).

Las exportaciones de productos textiles fabricados en “zona nacional” (Capítulos 61 y 62) han tradicionalmente han representado un valor entre los 5-12 millones de dólares. Las exportaciones de estos capítulos representan a su vez el 0.5% de las exportaciones textiles. El Capítulo 62, relativa a prendas de vestir no de punto (tejido plano) representa más del 85% de las exportaciones, mientras que los tejidos de punto ni siquiera alcanzan el millón de dólares en ventas en el exterior. De allí, Estados Unidos es el principal mercado destino de las exportaciones de textil fabricado en zona nacional, absorbiendo más del 75% del total, a las que hay que añadir otro 16% que tuvieron como destino Puerto Rico. Los pantalones para hombres son los productos que mayor salida comercial tienen en EE.UU. Por su parte, las importaciones textiles soportan un arancel del 20% ad-valorem en la gran mayoría de los artículos que componen los Capítulos 61 y 62. 

Impacto del TLC

Se ha enfatizado a nivel nacional que el Tratado de Libre Comercio (TLC) no presenta novedades en la protección arancelaria del mercado textil de los Estados Unidos. Esto así porque sabemos que los artículos confeccionados en la República Dominicana seguirán accediendo al mercado de EE.UU. libres de arancel, siempre y cuando puedan seguir cumpliendo con las llamadas “reglas de origen”. En el caso de no cumplirlas, el arancel no se vería modificado. Lo que el TLC sí de seguro representaría sería la apertura del mercado de República Dominicana al producto de EE.UU., que hasta su entrada en vigor pagaba un 20% de arancel. Con la entrada en vigor del TLC el arancel queda rebajado a cero, inmediata y automáticamente. No obstante, dado el escaso peso de la industria de confección de ropa de EE.UU. y como la ropa fabricada en dicho país es de características diferentes a la elaborada en la zona nacional, los efectos prácticos del desarme arancelario del TLC no parece serían relevantes para la industria nacional.

La principal novedad del TLC radica en la eliminación de cuotas a la importación de productos textiles vigente bajo la Iniciativa de la Cuenca del Caribe (ICC). Dicha eliminación en la práctica representa la consolidación del régimen comercial de protección en materia textil vigente entre EE.UU. y los países CAFTA y su plasmación en un acuerdo de mayor alcance. Hay que tener en cuenta que el sistema anterior era una iniciativa de carácter unilateral (de EE.UU. hacia dichos países) y con un límite temporal establecido (30 de Septiembre de 2008). Se estima que tras la entrada en vigor del TLC el escenario más probable es que las exportaciones de textiles en el país evolucionen positivamente recuperando los valores medios de los últimos años (8 millones de dólares). En dicho caso, se prevé que las exportaciones de tejidos desde EE.UU. a República Dominicana crezcan a una tasa anual promedio del 10% entre 2005 y 2008. Para ello, el sector exportador textil deberá dirigir los esfuerzos a mejorar sus niveles de competitividad e incidir ya en una decidida política comercial de intensificación de contactos.  

El autor es economista y profesor universitario. E-Mail: adolfomarti@verizon.net.do

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