Que no se quede en las palabras

La declaración del 2017 como “Año del Desarrollo Agroforestal” es válida para trazar un objetivo de primer orden: convertir la relación entre las actividades humanas y la floresta, ríos y montañas, en un todo armonioso de aprovechamiento y conservación. Quizás sea esta una buena oportunidad para comenzar a evitar que los recursos naturales del país permanezcan en un curso de extinción o daños irreparables como es evidente. Con una población que no para de crecer y de consumir, medios territoriales imprescindibles para la vida y el desarrollo peligrarían dramáticamente. Fijar con sentido de anualidad estas metas es plausible… pero siempre se ha dicho que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno.
Un motivo de frustracción para esta sociedad deviene de la incapacidad que han mostrado autoridades para revertir la contaminación de ríos al tiempo de ver que importantes zonas boscosas nacionales permanecen como canteras para producir carbón y leña, mayormente para consumo en Haití. Resalta además que persistan las prácticas que han llevado a los caudales del Ozama y el Isabela a ser destino final de desechos humanos e industriales. No menos condenable ha sido la tolerada extracción abusiva de materiales para construcción en diversos cauces y riberas. Para que el “Año del Desarrollo Agropecuario” arroje frutos será imprescindible dejar atrás toda incompetencia.

El componente más mortífero

El 2017 debería ser el año en que surja una política de amplio alcance para restarle su trágico perfil al uso diverso de las motocicletas, sin dejar fuera la incidencia de este medio de transporte como herramienta delictiva que contribuye al estado de inseguridad que se respira por campos y ciudades. Frenar con eficacia la presencia desordenada de las motos en las vías contribuiría a resolver dos problemas: la epidemia de accidentes y el azote de la delincuencia.
Debe avanzarse en el desarrollo de un transporte colectivo bien ramificado por las principales concentraciones urbanas. Urge complementar el Metro con rutas de autobuses que hagan menos necesaria la locomoción unipersonal. Es ineludible someter a orden a los motociclistas. Forzarlos con recursos legales a documentarse y a respetar todas las disposiciones de tránsito.


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