¿Qué sabes de la depresión?

José Miguel Gómez
José Miguel Gómez

Millones de personas caminan por las calles, toman un tren, van a un trabajo, estudian, viven con familias, tienen una pareja, y pueden estar sufriendo de depresión y no saberlo. Existen indicadores psico-sociales de la depresión como son: falta de concentración, desinterés y desmotivación por una actividad, baja producción o bajo desempeño académico, o con el proyecto de vida; falta de iniciativa para empezar las metas, aislamiento social o dificultad en tener amigos, conocer personas o tener pareja. Otro indicador es, haber alcanzado la adultez y no estar enfocado hacia los objetivos y metas en función de  prioridades, resultando como consecuencia deambulación sin propósitos, indiferencia y apatía por algunas exigencias socio- económica. Cuando estos indicadores se juntan con el estado de ánimo: pérdida de la energía, tristeza, desánimo, o deseo de estar acostado, con  falta de higiene, apatía,  y deseo de llorar de forma persistente mayor de dos semanas, se piensa en un episodio depresivo. Pero, cuando ese desánimo y tristeza también se acompaña de un trastorno del sueño terminal, es decir, la persona después de la madrugada se despierta y no puede volver a dormir, el episodio depresivo compromete más el ánimo, la motivación, la conducta y el humor. Cientos de personas tienen síntomas como estos, y parecen que funcionan en la vida, pero se quejan del gran esfuerzo que tienen que hacer para enfrentar la cotidianidad, ir a un trabajo, participar en una actividad social o familiar. Es vivir, pero no sentir el goce, la pasión y las energía para el disfrute; traduciéndose todo esto en pobre calidad y calidez de vida. La sexualidad de la persona con depresión, le falta el deseo sexual, no tiene chispa, seducción, interés por expresar o participar de la sexualidad ni del sexo; además, de la dificultad en lograr la erección en el hombre y de la falta de orgasmo en la mujer. A veces estos indicadores no son importantizados por la persona que sufre depresión, sin los síntomas son leves o es una persona introvertida, de bajo perfil y de poca intensidad. Pero también, cuando se distrae mucho en otras actividades: laboral, religioso o social, donde por años puede acomodarse, o ritualizar la vida aprendiendo a somatizar los síntomas de la depresión: mialgias, cefaleas, dolor estómagos, sensación de opresión torácica, angustia y ansiedad, que  identifica sus episodios depresivos. Si con todos estos síntomas existe una historia familiar de depresión, bipolaridad, trastorno psiquiátrico, trastorno estado de ánimo de corta duración, o adicciones, entonces, la depresión debe ser tratada por el psiquiatra, medicarla, y recibir la supervisión, la psico educación y los servicios psicoterapéuticos. Sin embargo, los episodios depresivos pueden ser el resultado de una condición de enfermedad médica, como son: la tiroides, menopausias, hormonales, cardiovasculares, cáncer, parkinson, gastrointestinales, y las enfermedades crónicas no transmisibles que tienen efectos sistémicos y psico-social. Los episodios depresivos pueden producirse por causas psico sociales: divorcios, problemas financieros, estrés crónico, desempleos, pérdida del estatus, etc. En otras circunstancias la persona siente que su vida va bien, que no tiene problemas identificados, sin embargo, siente que se deprimen; sencillamente hay que  pensar en la depresión química que se produce por bloqueo de neutransmisores del cerebro: serotonina, dopamina, norepinefrina, catecolaminas, glutamato.  La depresión no se manifiesta igual en los niños que en los adolescentes, ni en el hombre al igual que la  mujer, ni en los adultos que en la personas de las tercera edad. Hoy sabemos que cientos de jóvenes se deprimen por la presión socio-económico y cultural, por los estilos de vida, por la influencias, la baja autoestima, la exclusión social; por la falta de habilidad y agilidad mental para comprender los cambios de un mundo de poca profundidad, insolidario, deshumanizado, que confunde la identidad, relativiza los valores y visibiliza e importantiza la belleza, el músculo, el sexo y la cultura de la prisa. Esos episodios de depresión no tratados son los que llevan al escapismo social: alcohol, tabaquismo, drogas, juegos, sexo de alto riesgo, conductas peligrosas y desinterés por el proyecto de vida. Además, de las ideas e intento de suicidio, la desesperanza, y la desmoralización con desperanza  aprendida. Es muy importante identificar estos síntomas, hablarlo y acompañar a la persona que vive y siente la depresión; Acudir al médico, psiquiatra y psicólogo para que reciba el tratamiento. La depresión se cura, la persona después  de un tratamiento médico vuelve a sentir el deseo, la motivación, el enfoque, la  alegría y el interés por la vida. ¿Ya conoces la depresión?