La tanda extendida

Claudio Acosta
 Las fotografías publicadas ayer en uno de nuestros principales diarios, en las que se ve a decenas de estudiantes tomando su almuerzo en el suelo, ilustra elocuentemente la improvisación que ha caracterizado la implementación de la tanda extendida en nuestro sistema de enseñanza pública, pues la mayoría de las escuelas carecen de la infraestructura mínima necesaria, en este caso un comedor donde servirle la comida  a los estudiantes. A pesar de este inconveniente, al que se suman las dificultades que han confrontado algunas empresas suplidoras  para entregar el almuerzo, que a veces llega demasiado tarde o no llega nunca, la tanda extendida, una promesa de campaña del presidente Danilo Medina, ya está en marcha  beneficiando a por lo menos 200 mil estudiantes en este su primer año. Es evidente que el gobierno se la jugó al poner en práctica el nuevo sistema, con el que espera ofrecer ocho horas de docencia diarias a estudiantes de básica, media y bachillerato, sin contar con la logística necesaria para darles desayuno, almuerzo y merienda, pero también que confía en que podrá acotejar la carga en el camino y resolver todas esas  dificultades. Sin embargo, al participar, el pasado  miércoles, en el almuerzo de la Cámara Americana de Comercio, el ministro de Educación Carlos Amante Baret admitió que la tanda extendida no ha dado los resultados esperados debido a una serie de contratiempos que se han presentado, entre los que citó el deficiente servicio de energía eléctrica. ¿Adelantando excusas para curarse en salud frente a  un eventual fiasco? Habrá que esperar a que concluya el año escolar para poder pasar balance al experimento y  tener  un diagnóstico definitivo de sus resultados, pero como el gobierno apostó tanto a ese esfuerzo es lógico suponer que si las cosas no salen bien las pérdidas, sobre todo en su crédito público, serán cuantiosas, y el fracaso inevitablemente  estrepitoso.