Qué se dice

Claudio Acosta

Los descreídos. El principio de la no retroactividad de la ley es tan universal y conocido que dudo mucho que el presidente Danilo Medina, un político  rejugado que se ha preparada concienzudamente para la complicada tarea de gobernar, desconozca sus alcances e  implicaciones. Es obvio, entonces, que el mandatario no quiso parecer que le daba la razón a los afectados por la sentencia del Tribunal Constitucional que retrotrae su aplicación ¡hasta el 1929!, pero no tuvo ningún reparo en reconocer que se trata de un “drama humano” al que hay que buscarle solución, ni tampoco para pedirle excusas –como ayer confirmó a los descreídos periodistas– a los que han sido despojados de sus documentos por la  situación  por la que  atraviesan. Lo que me ha sorprendido es la reacción  de supuestos partidarios del  gobierno, incluidas algunas bocinas empeñadas en hacernos creer que son más danilistas  que Danilo,  que han preferido insinuar que este diario se inventó esa versión a reconocer su sensibilidad,  su humildad y, sobre todo,  su sentido de la solidaridad  con los que sufren. ¿Acaso no es suficiente con las demostraciones que da todos los fines de semana con sus visitas a comunidades empobrecidas del país? Es evidente que esas bocinas, a pesar de lo que dicen de la boca para fuera, no conocen a Danilo Medina, o simplemente  creen  que el comportamiento del mandatario  en esas visitas es puro teatro, demagogia o populismo. Particularmente pienso que si bien es cierto que el Presidente no puede, por razones obvias,  interferir o mediatizar la decisión de otro poder del Estado, también lo es que con sus declaraciones  acaba de aportar la dosis de humanidad, sensibilidad y sensatez que tanta falta le está haciendo a ese caldeado  debate, atenuando, de paso, los daños provocados a la imagen del país a causa de una sentencia que ha merecido la repulsa de la comunidad internacional de la que  todavía –conviene no olvidarlo– formamos parte.


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