Qué se dice

Claudio Acosta

Ocurrencias legislativas. No es posible decir que lo han hecho porque no tienen otros proyectos de mayor importancia que deban aprobar con tanta urgencia y buena disposición, porque lo cierto es que un simple vistazo a su agenda de proyectos pendientes, que suman más de doscientos y entre los que vale destacar la Ley de Partidos Políticos y la Ley Electoral, permite concluir que en realidad es todo lo contrario. Por eso resulta tan cuesta arriba entender que los diputados invirtieran tiempo y esfuerzo en conocer y aprobar, con 102 votos a favor y uno en contra, el proyecto de ley que prohíbe el uso de las hookas o pipas de agua en bares, colmadones, discotecas y cualquier otro lugar público, una moda que nos llegó desde fuera, como tantas otras, y a la que nuestra juventud se aficionó rápidamente. ¿Pero es esa moda tan peligrosa que su prohibición debe ser materia legislativa? ¿No bastaría con una decisión administrativa del Ministerio de Interior y Policía? ¿O con las frecuentes redadas de la Policía y la Dirección Nacional de Control de Drogas, donde se incautan decenas de esas pipas de agua cada semana? Es obvio que los diputados creen haberle rendido un gran servicio al país al prohibir una moda que los jóvenes pueden utilizar para el consumo de drogas y otras sustancias ilícitas, pero también lo es que con esa prohibición están poniendo en evidencia, con una ligereza que espanta, su pérdida de sintonía con las urgencias legislativas e institucionales de la sociedad dominicana. Quien les escribe no quisiera ser visto por sus lectores como un crítico intransigente y sistemático de nuestros legisladores, sobre todo, como en este caso, cuando dan muestras de tanta laboriosidad, pero de continuar por el camino que van cualquier día de estos, y por iniciativa de una diputada canillúa y casi jamona, nos sorprenden prohibiendo el uso de las minifaldas en lugares públicos por atentar contra el pudor y las buenas y santas costumbres del pueblo dominicano.