Qué se dice

Claudio Acosta

El debate sigue.- A pesar de lo que digan Reinaldo Pared Pérez, presidente del Senado, o la trulla de patriotas que han convertido el fallo del Tribunal Constitucional en una especie de texto sagrado, de catecismo neonacionalista, no todo está dicho sobre ese dictamen. Y no solo porque desde el exterior siguen llegando, como un rayo que no cesa, las críticas a los efectos que tendrá sobre los dominicanos descendientes de haitianos “en tránsito” desde 1929, sino porque ya no es el texto infalible, perfecto e inapelable que nos quisieron hacer creer sus prohijadores y defensores, como han puesto al desnudo los “errores materiales” detectados por el doctor Eddy Olivares, miembro titular de la Junta Central Electoral, quien determinó que la sentencia 168 se fundamenta en leyes ya derogadas que los jueces del Tribunal Constitucional utilizaron como si todavía estuvieran vigentes. Como no soy un experto constitucional no estoy en capacidad de afirmar que esos errores invalidan la “inapelable” sentencia de esa alta corte, pero no necesito permiso de los que sí lo son, o que presumen de serlo, para decir que ponen en evidencia, por lo menos, la falibilidad de sus jueces, y sobre todo, la falta de rigor jurídico en su elaboración. Desde luego, soy perfectamente consciente, y sospecho que también lo es el doctor Olivares, de que a estas alturas los jueces del Tribunal Constitucional no van a dar marcha atrás a su decisión y mucho menos a causa de errores de tal magnitud, pero anoten por ahí que el miembro titular de la JCE acaba de agregar un nuevo ingrediente a un debate que, contrario a lo que quisieran tantos patriotas de nuevo cuño, se mantendrá vivo y vigente durante mucho tiempo todavía.


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