Qué se dice: Un abrazo con plusvalía

Claudio Acosta

Se explica y  entiende que los peledeístas, preocupados por la resquebrajada unidad de su partido, quisieron ver lo que nunca fue en el abrazo entre el expresidente Leonel Fernández  y el presidente Danilo Medina durante   la boda de la hija mayor del mandatario, y hasta que algunos, confundiendo  sus deseos con la realidad, lo bautizaran  pomposamente como el Abrazo de la Reconciliación. Pero más allá del peledeísmo y sus querellas  fratricidas  no estamos obligados a sobredimensionar la significación de un gesto protocolar  de dos hombres de Estado conscientes de sus respectivos roles y, sobre todo, de la lógica que imponen las circunstancias. ¿O alguien esperaba que en medio de las tensiones  entre sus seguidores ambos líderes se iban a ignorar? ¿Que utilizarían un acto familiar sagrado, como es el matrimonio de una hija, como  escenario de muda confrontación? ¿Qué interés pueden tener uno y otro en empeorar  la situación del PLD si un abrazo o un apretón de manos no matan a nadie? Los peledeístas  pueden seguir durmiendo de ese lado y creerse que de ahora en adelante las cosas serán distintas o que las diferencias en torno a las primarias quedaron  subsanadas con ese abrazo, pero solo hasta que la realidad vuelva a golpearlos en la cara. Que será muy pronto, que no le  quepan dudas a nadie, pues las diferencias entre danilistas y leonelistas han llegado a un punto en el que resulta imposible disimularlas, de ahí que muchos prefieran  ig norarse o evitar encontrarse bajo un mismo techo para no tener que compartir como en otros tiempos. Por eso resultó  tan significativa la ausencia de  15 miembros del Comité Político, incluido  el presidente Medina,   en el Almuerzo de la Confraternidad, pues se  entiende que la situación por la que atraviesa el  PLD obligaba a su dirigencia a enviar una señal de unidad  y cohesión interna asistiendo  de manera militante,  sin banales excusas ni coartadas oficiales, a ese cacareado encuentro.


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