Qué se dice : Cementerio improvisado

Claudio Acosta

Para entender lo que está ocurriendo con el cementerio improvisado en Los Alcarrizos hay que empezar por el principio, cuando  el  ayuntamiento  del Distrito Nacional prohibió que enterraran sus muertos en el  Cristo Redentor, que de ahí en  adelante se convirtieron  en “muertos ajenos”, pues los ayuntamientos de los municipios vecinos imitaron la decisión. Su alcalde Junior Santos, quien afirma que desde el año 2002, cuando la división de la Capital dejó a Los Alcarrizos sin cementerio, ha encaminado infructuosas diligencias  para conseguir  terrenos para uno  propio, cuenta que  la alcaldía ha tenido que enviar cadáveres a pueblos del interior donde los difuntos tienen familias y cementerios que los  acojan. Pero los que no tienen esa suerte, o no cuentan con los recursos  para pagar un cementerio privado, ¿dónde los iban a enterrar? Fue lo que ocurrió con el cadáver de Lourdes María Hernández, de 82 años, cuyos familiares tuvieron que visitar ocho cementerios, en un viacrucis que se prolongó durante dos días, y en todos les dieron la misma respuesta: llévense su muerto para otra parte. Fue así como dedidieron, empujados por la desesperación y los evidentes signos de descomposición del cadáver, enterrarla en unos terrenos privados. Ese primer entierro   recibió amplia cobertura mediática, al igual que los tres  siguientes, pero de manera sorprendente  ninguna autoridad se dio por enterada. Solo 33 muertos después apareció esa autoridad, la Procuradora Fiscal  de Santo Domingo Oeste, advirtiendo  sobre el peligro, ya que las sepulturas no están avaladas por Salud Pública. La advertencia, desde luego, llegó demasiado tarde, honrando la nefasta costumbre criolla de permitir  que los problemas crezcan hasta volverse  tan grandes que no hay manera de resolverlos. Y puedo ofrecerles una lista de ejemplos tan larga como nuestras calamidades tercermundistas, pero con el que acaban de leer basta y sobra.


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