Qué se dice : La embajadura.

Claudio Acosta

No quisiera parecer  pesimista, pero si consideramos que, en estos momentos, tenemos a los haitianos más arriba del moño como consecuencia de la incontrolada inmigración a través de la porosa frontera que compartimos con nuestros vecinos, y  a eso le sumamos las declaraciones de la nominada embajadora de los Estados Unidos en la República Dominicana, Robin Bernstein, al Comité de Relaciones Exteriores del Senado, al que informó que entre los principales objetivos  de su misión diplomática está proteger a los haitianos  apátridas de los efectos de la sentencia 168-2013 trabajando para que se les devuelva  su nacionalidad, puede afirmarse que su llegada al país solo nos traerá problemas, y ojalá no nos haga extrañar al bravucón  que nos amenazaba con quitarnos  la visa por cualquier quítame esta paja. Por lo pronto, sus declaraciones ya provocaron  que sin haber puesto todavía un pie en nuestro territorio tuviera que saltar al escenario  el canciller dominicano, Miguel Vargas,  a ponerla en su puesto, advirtiéndole que somos un país  libre que no acepta injerencias, lo que fue seguido de una enérgica declaración del Instituto  Duartiano señalando que  con esas declaraciones le está faltando el respeto a la soberanía de la República Dominicana. Y no se detendrán ahí, conociéndonos como nos conocemos, las expresiones públicas  de rechazo a su “descarado  injerencismo”, con lo que se están creando las condiciones para  que no se le dé, más allá del recibimiento  protocolar y obligatorio, la mejor   de las bienvenidas. Desde luego, eso no es obstáculo para una digna representante del Imperio, sobre todo si llega con una maleta cargada de prejuicios, y dispuesta a meter su mano, sin ningún tacto ni consideración, en nuestra herida más sensible.