Qué se dice: Tragedia anunciada

Claudio Acosta

Lamentablemente no es la primera vez, ni será la última, que sufrimos en carne viva  el horror de enfrentarnos a una tragedia como la del sector La Toronja, en Santo Domingo Este, donde una riña entre vecinos dejó un saldo de tres muertos y un niño de cuatro años herido de bala, pues la violencia ciega y destructiva, que se manifiesta  de manera explosiva por cualquier  nimiedad, se ha convertido en una peligrosa enfermedad para la cual la sociedad dominicana no ha encontrado  remedio efectivo.  En el caso que ocupa la atención  de esta columna vale la pena destacar, aunque solo sea para que conste en el expediente, el rol protagónico, en su condición de principal victimario, de un raso de la Policía con fama de violento, conducta  probablemente aprendida de su padre, quien está acusado junto al agente policial del triple crimen  por haber rematado con un machetazo en la cabeza a  las víctimas. Por eso    a nadie en el barrio le  sorprendió que el pleito con su vecino, que tenía un taller de mecánica, terminara en  tragedia. Pero lo que  mas lamentan y les duele es que ni la Policía ni ninguna otra autoridad haya podido evitar una tragedia que estaba anunciada desde hace tiempo. “Tantas veces que nosotros llamamos a la Policía para que venga en ayuda de este caso, y nunca venían. Qué pena que ahora, en este día, hayan venido solo a levantar los cadáveres”. Las palabras del pastor evangélico Franklyn Arias resumen la impotencia y la frustración de los residentes de La Toronja, que se quejaron, tal vez con razón, de  que nunca les hicieron caso porque estaba involucrado un policía “desacatao” y proclive a la violencia, la misma violencia ciega y destructiva a la que debemos buscarle  urgente remedio antes de que sea demasiado tarde.