Qué se dice: Sobrevaluaciones

Claudio Acosta

El presidente de la Cámara de Cuentas, Hugo Álvarez Pérez, informó ayer que no van a estar a tiempo las auditorías forenses  a las obras construidas  por Odebrecht que  le solicitó  la Procuraduría General, lo que simplemente  significa que el expediente acusatorio estará –en buen dominicano–   calimocho. El funcionario rectificó así sus propias declaraciones, ofrecidas el pasado 23 de mayo, en las que aseguró que esas investigaciones estarían listas antes de la fecha indicada, tras  señalar que algunas de las obras ya habían sido auditadas  en su totalidad en tanto en otras los trabajos  estaban avanzados hasta en un 75%. ¿Qué pasó en esos siete días que el funcionario se vio obligado a recular? Eso, obviamente, es imposible  saberlo si uno no trabaja en el DNI, pero dado el zizagueante comportamiento de la Cámara de Cuentas ante la solicitud de la  Procuraduría tiene uno derecho a pensar cualquier cosa, como por ejemplo   que su presidente actúa y habla por mandato de un ventrílocuo con el que, al parecer, todavía tiene problemas para comunicarse  con fluidez, para que le instruya qué  decir y cuándo decirlo. Desde el principio fue evidente  que  el doctor Hugo Álvarez Pérez no quería quemarse las manos con esa papa caliente, que finalmente aceptó a regañadientes,   pero no sin antes poner mil y una excusas  que   tuvo que deponer, pues seguir resistiéndose a cumplir con esa responsabilidad  terminaría resultando sospechoso. Pero  después de anunciarse  que  la Procuraduría  ya tiene lista la acusación, que  depositará en el plazo previsto,  no es necesario que el presidente de la Cámara de Cuentas siga jugando  a escurrir el bulto. Sin incluir las sobrevaluaciones que aquí y en otros países hicieron posible que la constructora  brasileña repartiera  sobornos a diestra y siniestra por todo el continente esas  acusaciones  perderán mucho peso, que ojalá no sea tanto que terminen, junto a las buenas intenciones  del Procurador,    llevándoselas el viento.