Qué se dice: Protocolos policiales

Claudio Acosta

A veces uno no quisiera llover sobre mojado, mucho menos estando bajo los efectos de la tormenta Berryl y sus aguaceros dilúvicos, pero hay acciones de nuestros policías  que horripilan y meten miedo de verdad, por lo que resulta imposible ignorarlas, pasarlas por alto, pues por lo que se ve  todos podemos ser sus víctimas, incluidos sus propios  compañeros de armas. El raso Manuel Merán Maldonado se dirigía en su vehículo  junto a su novia, de 28 años y embarazada, a comprar algo de comer, pero como llevaban la música muy alta  fueron mandados a detener por una patrulla anti ruidos. “Cuando nos paramos (cuenta la mujer) ellos se pararon y le dispararon a una de las gomas de la parte de atrás, y cuando mi novio se desmontó y les dijo: comando, soy yo, el policía le dio una galleta y mi novio reaccionó. Pero cuando  mi  novio vio que el policía estaba armado se echó para atrás y el policía enseguida le dio un tiro en la cabeza. El otro agente  que lo acompañaba lo haló y le dijo qué hiciste, y se lo lllevó en el motor”. La mujer recordó que la pasada semana ese mismo policía le quitó a su novio dos mil pesos para no retenerle el vehículo debido a que llevaban la música demasiado  alta, lo que talvez explique porqué en esta ocasión  no se quiso detener. Ese cuento puede ser mas corto o mas largo, como decía mi abuela cuando tratábamos embaucarla con artimañas de adolescentes, pero es evidente que se trató de un vil asesinato, absolutamente injustificable, y así deber ser tratado cuando llegue a la justicia. Como es evidente también, diga lo que diga en su informe  la comisión que investiga el caso, que  los miembros de la policía no sienten ningún respeto por los protocolos que norman  su comportamiento como representantes de la ley y el orden, empezando por el mas importante de todos: el que manda preservar la vida, la integridad  y los derechos de los ciudadanos detenidos. Y eso, repito, es lo que horripila y mete miedo de verdad.